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México es para muchos niños y niñas emigrantes indocumentados de América Central el final del viaje en su intento por llegar a Estados Unidos, empujados por razones económicas y por la violencia de pandillas e intrafamiliar.

 28.09.2012 ·  · Edgardo Ayala (México)

“Los niños siempre han migrado, siempre han estado allí, y siempre han sido los más vulnerables”, explicó la académica mexicana Carolina Rivera, del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (Ciesas), de México.

Desde que el flujo emigratorio centroamericano hacia Estados Unidos se intensificó en los años 80, debido a las guerras civiles que azotaron la región, se ha hecho más evidente el fenómeno de la desintegración familiar. Los padres se van en busca de un mejor futuro y dejan a sus hijos e hijas al cuido de abuelos u otros parientes.

Estimaciones del Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos, publicadas por la prensa, indican que alrededor de 15 por ciento de los 11,5 millones de inmigrantes latinoamericanos indocumentados en ese país son guatemaltecos, hondureños y salvadoreños.

Ahora, a la necesidad de reunificación familiar y a la tradicional razón económica, se han agregado otras más recientes como la violencia intrafamiliar para que niños, niñas y adolescentes quieran abandonar la región, señaló Rivera, con experiencia en trabajo de campo con centroamericanos en la localidad de Mazatán, en el sureño estado mexicano de Chiapas.

Rivera dijo que en su investigación se encontró con niñas que habían sido golpeadas y violadas por sus padrastros u otros parientes, lo cual las obligó a viajar a Estados Unidos sin tener los documentos requeridos para radicarse allí.

También supo de jóvenes hondureños y salvadoreños que, al anunciar a sus familiares que eran homosexuales, fueron maltratados y finalmente echados de sus respectivos hogares.

En todos esos casos aparecía el fenómeno de la violencia intrafamiliar como una causa recurrente, señaló la experta, principal expositora en un foro en San Salvador sobre el fenómeno de niños y niñas migrantes.

Las denuncias por violencia intrafamiliar ascendieron en El Salvador a 1.028 entre enero y junio, casi el doble de las registradas en todo el año pasado, según reportes de la Policía Nacional.

(AP Photo)

Tras ser detenidos en México, las opciones de los niños y niñas centroamericanos son pocas: ser deportados o vivir en ese país sufriendo constantes violaciones a sus derechos.

Cifras del mexicano Instituto Nacional de Migración (INM) indican que entre enero y julio fueron deportados 3.391 menores guatemaltecos, hondureños y salvadoreños, 50 por ciento más que en el mismo periodo de 2011.

De ese total, 2.801 viajaban sin acompañamiento, dejando en evidencia el grado de vulnerabilidad en que viajan esos niños y adolescentes. Muchos de ellos son abandonados a su suerte por los guías o “coyotes”, como se les llama en la zona a los traficantes de personas.

“Muchos de ellos van inmersos en las redes de tráfico de personas”, dijo a IPS el coordinador del Programa Migraciones de la gubernamental Dirección Nacional de Investigaciones, Jaime Rivas.

“Ahora ya no es como antes, el coyote héroe que ayuda a la gente a llegar al norte. Ahora son las redes de trata de personas vinculadas al crimen organizado las que movilizan a los migrantes”, explicó.

Un comunicado del INM divulgado a comienzos de septiembre señalaba que muchos de esos niños y niñas huyen de las pandillas del norte de América Central, que obligan a los adolescentes a incorporarse a sus filas. Si se niegan, se exponen a ser asesinados.

Solo en El Salvador se calcula que existen alrededor de 60.000 pandilleros, aglutinados en la MS-13 o Mara Salvatrucha y Barrio 18.

El documento Niñez Capturada, publicado en junio por la Coalición Internacional contra la Detención (IDC, siglas en inglés), una organización humanitaria con presencia en 50 países, indicó que, independientemente de las condiciones en que los niños son mantenidos tras las rejas tras intentar pasar algún puesto fronterizo, la detención en sí les produce un impacto negativo profundo.

Ellos sufren de ansiedad y depresión, así como insomnio y otros síntomas. “Afecta su salud física y sicológica, así como su desarrollo”, señaló el informe.

La IDC agregó que los menores indocumentados no deben ser detenidos, y recomendó a los gobiernos involucrados crear políticas públicas que los protejan.

México aprobó en abril de 2011 una nueva ley de migraciones que, en principio, plantea un irrestricto respecto de los derechos humanos hacia los extranjeros en tránsito por su territorio, pero aún no se aplica por que no ha sido reglamentada.

Quienes deciden quedarse sin documentación en México se exponen a vivir en situaciones de extrema vulnerabilidad laboral, dijo la antropóloga mexicana.

En su investigación, Rivera encontró que 33 por ciento de los inmigrantes menores se empleaban en la agricultura, muchas veces cumpliendo largas jornadas de labor y recibiendo una paga por debajo del salario promedio.

Otro 16 por ciento realizan tareas en el sector servicios y de entretenimiento, sobre todo hondureñas y salvadoreñas de entre 15 y 17 años de edad que se desempeñan como bailarinas en centros nocturnos de entretenimiento, sujetas a vejámenes y abusos sexuales. “Muchas de ellas se sienten esclavizadas, sin poder salir de ese círculo”, dijo Rivera.

Esas jóvenes preferirían trabajar como empleadas domésticas, pero en esa zona de México existe una estigmatización contra las salvadoreñas y hondureñas, y las consideran “robamaridos”, por lo cual para esas tareas se contrata especialmente a mujeres indígenas de Guatemala, apuntó la experta.

Finalmente, la investigación indica que 17 por ciento de los inmigrantes niños o adolescentes se dedican a la venta ambulante y el resto a una serie variada de actividades irregulares.

Por otro lado, solo seis por ciento de los adolescentes habían cursado algún tipo de educación superior, y solo dos por ciento había cursado algunas materias en la universidad.

 

 

Periodismo Humano: http://periodismohumano.com/migracion/mexico-fin-del-sueno-americano-de-los-ninos-emigrantes.html

 

Esclavismo Infantil en India

Publicado: julio 23, 2012 en INFANCIA

 

La globalización está llevando a la humanidad a realidades inimaginables, hacia un nuevo tipo de esclavitud que incluye a las criaturas, en la India, la esclavitud infantil se ha convertido en un negocio de primera clase mientras miles de niños pierden la esperanza hasta de volver a ver a sus padres. Las familias venden a sus pequeños, incluso hay casos de secuestros en los que los niños son separados forzosamente de sus familias. Sin embargo, la confusa red de intermediarios involucrados en este enmarañado negocio hace difícil probar que los bienes están en realidad manufacturados por menores de edad, aunque se empiezan a encontrar evidencias. Descubriremos el caso de un modelo de pavimento indio muy vendido en Alemania cuyos adoquines son extraídos por niños de corta edad, a pesar de que los productores aseguran que la explotación infantil no está implicada en su actividad. Un documental donde podrán escuchar la versión de los niños, los padres, los contrabandistas y los jefes de estos negocios sin escrúpulos…

El sistema

Publicado: abril 2, 2012 en INFANCIA, Música, SOÑADORES

Fragmento del documental “El Sistema” de Paul Smaczny y Maria Stodtmeier que describe la historia del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. Proyecto emprendedor liderizado por el visionario Jose Antonio Abreu en 1975 y ahora considerado un ejemplo para el mundo en materia musical. La obra comprende llevar la musica a los rincones mas pobres de Venezuela y alejar a los niños de los vicios de la calle y la delincuencia. Hoy en dia existen alrededor de 250.000 niños y jovenes beneficiaros de El Sistema, pero la meta a 10 años es de 1.000.000 de beneficiaros.

© 2009 EuroArts Music International
All the footages belong to EuroArts Music International

Sábado 24 diciembre 2011 | 12:40

Publicado por Christian Leal

Acostumbrados a dejarnos seducir por la publicidad y las partidas de edición limitada, parece raro que alguien tome conciencia de cómo las empresas nos empujan a comprar sus productos, marcando los roles de hombres y mujeres en la sociedad.

Más raro todavía, si es un niño de 5 años.

Es el caso de Riley, una pequeña que en medio de la juguetería, pregunta molesta a su papá por qué sólo los niños pueden comprar super héroes, mientras que las niñas se supone que deben comprar princesas.

“¿Y por qué crees tú que pasa eso?”, la alienta su papá.

“Por qué las empresas nos engañan para que compremos las cosas rosadas”, espeta Riley. “Algunas niñas pueden querer los super héroes y algunos niños querer las princesas. ¿Por qué sólo las niñas vamos a tener que comprar lo rosado y los niños las cosas de otros colores?”.

Una claridad envidiable.

 

http://www.biobiochile.cl/2011/12/24/nina-de-5-anos-se-rebela-contra-el-marketing-sexista-por-que-las-empresas-nos-enganan.shtml

 

Un informe de Amnistía Internacional revela que hay 2.500 personas en Estados Unidos condenadas a esta pena antes de cumplir la mayoría de edad.- La Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño lo prohibe expresamente

Consulte aquí el informe completo de Amnistía Internacional

DAVID ALANDETE | Washington 30/11/2011

Este miércoles, Christie Cheramie, de 33 años, pidió a la Comisión de Indultos y Libertad Condicional del Estado de Luisiana que le concediera una nueva oportunidad para reinsertarse. Lleva en prisión desde 1994. Entonces, Christie tenía 16 años. Presionada por su exnovio, se autoinculpó de un crimen, un homicidio no premeditado. Luego renegó de su confesión. Se le aplicó una condena automática de perpetua sin condicional, algo que, aplicado a menores de edad, sólo es legal en Estados Unidos. Y probablemente tendrá que pasar el resto de su joven vida entre rejas, si el Tribunal Supremo no cambia las leyes.

 En el mismo día en que Christie pidió clemencia a Luisiana, la organización Amnistía Internacional presentó un informe en el que revela que hay en EE UU 2.500 personas en esa misma situación: condenadas a perpetua cuando eran menores. Eso es algo que prohíbe expresamente la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, de 1989. Pero da lo mismo: hay dos países que no la han ratificado, y uno de ellos es EE UU (el otro es Somalia). En 2010, el Tribunal Supremo norteamericano decidió que la aplicación de esa condena a menores que no hayan cometido crímenes con resultado de muerte es un castigo “cruel e inusual”.

Se sigue aplicando, sin embargo, en casos de homicidio. El pasado ocho de noviembre el Supremo anunció que volvería a considerar el asunto, para decidir si en esos casos es también un castigo improcedente. Se espera que llegue a una conclusión antes de verano de 2012. En esas audiencias, la máxima instancia judicial del país deberá decidir sobre casos como el de Christie, detenida en 1994 por el homicidio no premeditado de la tía abuela de su novio en Luisiana.

La pareja acudió a la casa de la anciana con la intención de robarle algo de dinero, según la confesión posterior de Christie. Una vez allí, su novio, Gene Mayeux, de 18 años, apuñaló a su tía abuela, que murió. La pareja huyó y escondió el arma y el dinero robado. Christie acabó confesando ante su madre y su padrastro, que la llevaron a la policía. Ante los agentes, descubrió que su novio la había acusado también a ella. En el juicio resultante, los abogados de Christie la convencieron de que se autoinculpara. Le dijeron que era lo mejor, pues en los años 90, en Luisiana, era legal la pena de muerte para menores (la prohibió el Supremo en 2005).

La consecuencia para la acusada, sin embargo, fue que se le aplicó de forma automática la condena de cadena perpetua. Christie es ahora una interna modelo. Varios de de sus supervisores en prisión han dicho que merece una segunda oportunidad. Con los años se ha sabido que fue violada en repetidas ocasiones por un novio de su madre, que intentó suicidarse dos veces, que estuvo ingresada en una clínica psiquiátrica, que sufre de baja autoestima y que estaba asustada de las represalias del exnovio que la inculpó. Tras un pasado terrible, contempla un futuro en la cárcel.

“En Estados Unidos, una persona menor de 18 años no puede votar, comprar bebidas alcohólicas, billetes de lotería o cigarrillos, ni prestar su consentimiento en la mayoría de los tratamientos médicos, pero sí puede ser condenada a morir en prisión por sus acciones. Esto debe cambiar”, explica Natacha Mension, adjunta de investigación en Estados Unidos de Amnistía Internacional. “No pretendemos justificar los delitos cometidos por menores ni restar importancia a sus consecuencias, pero la realidad es que esas condenas ignoran el potencial para rehabilitación y cambio que tienen los menores infractores”.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/EE/UU/unico/pais/permite/cadena/perpetua/menores/elpepusoc/20111130elpepusoc_8/Tes

Promesas

Publicado: noviembre 3, 2011 en CONFLICTOS BÉLICOS, INFANCIA, Peliculas

Cuando la guerra tiene otros ojos

Viven a 20 minutos de distancia entre sí, pero no sólo hablan distintos idiomas: en la mayoría de los casos, también se consideran enemigos. Son siete chicos, cuatro israelíes y tres palestinos, entre 9 y 13 años. Todos son víctimas, no sólo de una situación de guerra cotidiana sino también de la violencia atávica y de los prejuicios con que han sido inculcados desde que nacieron. Varios de ellos, además, tienen la experiencia de haber padecido la muerte violenta de algún amigo o familiar directo, en un atentado terrorista palestino o bajo la metralla indiscriminada del ejército israelí. El mérito de Promesas, un documental realizado por tres cineastas noveles de orígenes muy diversos -B. Z. Goldberg es estadounidense/israelí, Carlos Bolado, mexicano, y Justine Shapiro proviene de Sudáfrica,- es haber sabido mirar hacia una realidad que está allí, al alcance de todos, pero que es permanentemente olvidada por la cobertura de los medios: la de los chicos de la guerra.

Filmada en Israel y en los territorios ocupados de la franja occidental entre 1997, 1998 y 2000, un período de relativa calma que siguió a los acuerdos de Oslo (luego echados por tierra), Promesas tiene el pudor y la nobleza de evitar los golpes bajos, de cualquier índole. La película se limita a hacer preguntas sencillas y a escuchar atentamente las respuestas de unos y a otros, hasta eventualmente ilusionarse con la posibilidad de un encuentro, aunque sea fugaz, entre algunos de ellos. Nada más, pero tampoco nada menos.

Yarko y Daniel son mellizos, viven en el sector judío de Jerusalén, pero no son religiosos. Admiran la figura de su abuelo, que sobrevivió a la Shoah y que les dice claramente que no cree en Dios. Ellos mismos, cuando van de visita al Muro de los Lamentos con uno de los cineastas -“B. Z.”, que habla varios idiomas y se logra entender con todos- reconocen que esos hombres barbados, vestidos de negro y murmurando con severidad sus oraciones les dan literalmente “miedo”. Otro de sus miedos: tomar el ómnibus. La línea 28, que los lleva al colegio, es una de las que más atentados ha sufrido, pero tomar el 22 no necesariamente los deja más tranquilos. “Siempre estamos viendo gente sospechosa”, reconoce uno de los mellizos.

Del otro lado de los pasos de frontera y de los checkpoints a cargo del ejército israelí -sin enunciarlo jamás, el film denuncia claramente el estado de ocupación bajo el cual vive gran parte del pueblo palestino-, en el campo de refugiados de Deheishe viven Sanabel y Faraj. La chica es hija de un dirigente palestino, que lleva ya dos años en prisión sin cargos ni juicio a la vista. Aprende baile y forma parte de un grupo que cuenta la historia de su pueblo a través de la danza. Por su parte, el chico, Faraj, tiene un discurso abiertamente anti-israelí y -con la ayuda de los cineastas, que los introducen clandestinamente del lado prohibido de la frontera- acompaña a su abuela a visitar la aldea en donde alguna vez vivió su familia. Todo ha sido arrasado. Sólo queda piedra sobre piedra.

No muy lejos de allí, en un asentamiento judío de la línea dura, Moishe le dice a la cámara que no quiere conocer a ningún chico palestino. Ni siquiera verlos de cerca. Como para darle la razón, del otro lado del alambre de púas, Mahmoud, un admirador de Hamas, afirma muy suelto de cuerpo que “cuantos más judíos matemos, menos habrá”. Y en la ciudad vieja de Jerusalén, el pequeño Shlomo, hijo de un rabino y dedicado a estudiar la Torah 12 horas por día, también se resiste a un encuentro, pero enfrentado azarosamente, cara a cara, con un par palestino, se resigna -ante la falta de otro lenguaje en común- a una improvisada competencia de eructos, que al menos les arranca a ambos una tímida, desconfiada sonrisa.

Pero los cineastas van por más y convencen a los mellizos israelíes, los más abiertos al diálogo, a visitar un campo palestino de refugiados. Faraj se resiste, pero finalmente Sanabel lo convence: “No conozco a un solo chico palestino que haya tratado de explicarle nuestra situación a un chico israelí”, le dice. Todo en el film está dirigido a este encuentro, que prueba ser aún mucho más fructífero y emotivo de lo que los mismos cineastas parecían esperar. La película -que por momentos es formalmente bastante primitiva y a veces incluso hasta un poco torpe- consigue otro hallazgo. Dos años después de esa reunión, en la que parecía que había un futuro común por delante, la cámara vuelve a entrevistar a los mellizos y a Faraj. Ya son preadolescentes, tienen otras preocupaciones y, por encima de todo, el contexto político ha empeorado gravemente. Ya no es tan fácil ahora mantener esas promesas de las que habla el título del film y que quedan suspendidas, más que como una esperanza, como un interrogante cruel.

Más información: http://promisesproject.org/

Fuente: http://www.fotograma.com

Más información: http://sepiensa.org

Johnny Barber. CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

70.000 niños viviendo en las calles de Kabul

“Todas las guerras, ya sean justas o injustas, desastrosas o victoriosas, van contra los niños.” (Eglantyne Jebb, fundadora de Save the Children, 1919)

En Kabul, los niños están por todas partes. Puedes verles rebuscando entre la basura. Puedes verles haciendo trabajos manuales en las tiendas, en los talleres, en las carnicerías y en los lugares donde se está construyendo algo. Llevan teteras y vasos de tienda en tienda. Puedes verles moviéndose a través de los atascos de tráfico haciendo girar botecillos con incienso penetrante para repeler a los espíritus malignos e intentar sacarse algunas monedas. Puedes encontrarles durmiendo en los huecos de las puertas o entre los escombros de edificios destruidos. Se ha estimado que en Kabul hay alrededor de 70.000 niños viviendo en la calle.

La gran noticia que la CNN ofrecía esta mañana era la excitación generada en cientos de personas que hacían cola para comprar el último modelo de iphone. No puedo dejar de pensar en los niños sentados en medio de la suciedad del campo de refugiados, o corriendo por los caminos empujando viejas llantas de bicicleta, o al muchacho sentado junto a sus desbordados sacos de detritus recogidos, con una profunda infección en la comisura de su boca que aparecía terriblemente infectada. Esas imágenes contrastan con la estampa de un abuelo anciano vestido con un inmaculado shalwar kameez, acuclillado sobre la acera frente a una inmensa puerta de hierro envolviendo en un gran abrazo a su bella nietecita mientras ambos sonreían ampliamente, en uno de los pocos momentos gozosos que he presenciado por las calles de Kabul.

En Afganistán, uno de cada cinco niños muere antes de llegar a su quinto cumpleaños (el 41% de las muertes se produce en el primer mes de vida). De los niños que consiguen superar ese primer mes, muchos perecen debido a enfermedades evitables y tratables en muy gran medida, incluyendo la diarrea y la neumonía. La desnutrición afecta al 39% de los niños, comparado con el 25% que había al principio de la invasión estadounidense. El 52% no tienen acceso al agua potable, el 94% de los nacimientos no se registran. Los niños no tienen casi protección legal alguna, especialmente las niñas, a las que en muchas regiones aún se prohíbe acudir al colegio, utilizándoselas para saldar deudas y casarlas en matrimonios arreglados hasta cuando tienen diez años de edad. Aunque actualmente no supone un problema, el SIDA amenaza con posibilidades catastróficas porque la drogadicción está aumentando de forma significativa, incluso entre las mujeres y los niños. Sólo el 16% de las mujeres utilizan anticonceptivos y los niños de la calle son vulnerables a la explotación sexual. Por esta razón, el informe publicado en mayo de este año por Save the Children, “State of the World’s Mothers”, situaba a Afganistán en el último puesto, con solo Somalia consiguiendo resultados aún peores para sus niños.

El coronel retirado del ejército John Agoglia declaró: “Un punto clave para la seguridad nacional de EEUU a largo plazo y una de las mejores vías para que nuestra nación haga amigos por todo el mundo es promover la salud de las mujeres y los niños en las naciones emergentes”. En Afganistán esta estrategia no se ha cumplido en absoluto. No se ha construido ni un solo hospital público desde la invasión. Y no es una cuestión de posibilidad, es una cuestión de voluntad. Emergency, una ONG italiana, dirige tres hospitales y treinta clínicas por todo Afganistán con un presupuesto de siete millones de dólares al año. Ese es el presupuesto mensual de la ISAF (la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad de la OTAN) en aire acondicionado.

Las encuestas han mostrado consistentemente que el 90% de los estadounidenses cree que los niños deberían ser una prioridad nacional. Los niños comprenden el 65% de la población afgana. Se ha calificado a Afganistán como el peor lugar del planeta para un niño. En Afganistán, EEUU ha sacrificado a los niños, valorándoles como un daño colateral de nuestra “guerra contra el terror”.

Las madres de estos niños en riesgo no están mucho mejor que ellos. La mayoría son analfabetas. La mayoría presentan desnutrición crónica. Una mujer de cada once muere durante el embarazo o el parto, en EEUU muere una de cada 2.100 (la más alta de cualquier nación industrializada). En Italia e Irlanda, el riesgo de muerte materna es menor, una entre 15.000, y en Grecia es de una entre 31.800. En Afganistán, los profesionales sanitarios atienden tan solo el 14% de los partos. La esperanza de vida de una mujer es de escasamente 45 años.

Las mujeres siguen siendo consideradas como propiedad. Hay una ley aprobada por el régimen de Karzai que legaliza la violación marital y que establece que una mujer tiene que conseguir el permiso de su marido para poder salir de la casa. La violencia doméstica es un problema crónico. A la mujer que huye de su casa (aunque sea para escapar de la violencia), se la mete en la cárcel. Cuando cumple la sentencia, es devuelta a su marido. La autoinmolación es un hecho común entre las desesperadas mujeres que intentar librarse de situaciones imposibles.

Poco después de la invasión estadounidense, Laura Bush dijo: “La grave situación en que se encuentran las mujeres y niños en Afganistán obedece a una crueldad humana deliberada, impuesta por quienes buscan intimidar y controlar”. El presidente Bush dijo: “Nuestra coalición ha liberado Afganistán y restaurado los derechos humanos fundamentales y las libertades de las mujeres afganas y de todo el pueblo afgano”. En la actualidad, EEUU ha facilitado que los antiguos señores de la guerra, responsables de la destrucción, pillaje y violación de Afganistán, vuelvan al poder. En 2007, esos mismos señores de la guerra, ahora parlamentarios, aprobaron un proyecto de ley que garantizaba la amnistía por cualquier asesinato cometido durante la guerra civil. Un periodista local dijo: “Los asesinos son ahora quienes sostienen la pluma, escriben la ley y perpetúan sus crímenes”.
En EEUU, mientras nuestro presupuesto total para defensa se dispara hasta los 667.000 millones de dólares por año, las mujeres y niños están también cada vez peor. En el informe del “State of the World’s Mothers”, EEUU ha descendido este año al puesto 31º desde el puesto 11º, en 2003, entre los países desarrollados. En la actualidad vamos detrás de luminarias como Estonia, Croacia y Eslovaquia. Y caemos aún más respecto a nuestros niños, del 4º lugar al 34º. La pobreza está aumentando, estimándose que un niño de cada cinco vive en la pobreza. Más de 200 millones de niños dependen de los programas escolares de alimentación para no estar hambrientos. La cifra de gente viviendo en la pobreza en EEUU ha crecido en 2,6 millones en solo los últimos doce meses.Cuando Malalai Joya se dirigió a la Loya Yirga [Gran Asamblea] de la Paz convocada en diciembre de 2003, preguntó valientemente: “¿Por qué permitimos que estos criminales de guerra estén aquí presentes?”. La expulsaron de la asamblea. Sin amilanarse, se presentó como candidata al parlamento, ganando un escaño de forma arrolladora. Empezó su discurso inaugural en el parlamento diciendo: “Presento mis condolencias al pueblo de Afganistán…” Mientras continuaba hablando, el señor de la guerra que estaba sentado detrás amenazó con violarla y matarla. Los miembros del parlamento votaron su exclusión del mismo y Karzai ordenó que la expulsaran. Escondida, continuó encabezando los derechos de la mujer. Ha afirmado que las únicas que pueden liberar a las mujeres afganas son las mismas mujeres. Cuando hablamos brevemente con ella por teléfono, afirmó que se sorprendía de estar aún viva y que se veía obligada a cancelar nuestro encuentro, porque era demasiado peligroso en la actual situación de la seguridad. La Cruz Roja afirma que la situación de la seguridad es en estos momentos la peor de los últimos treinta años.

12.jpgEstimado lector, dudo en seguir molestándole con tantas estadísticas, he eliminado los gráficos circulares y las tablas, pero este informe sigue siendo aburrido. Después de todo, el nuevo iphone tiene a Siri, un asistente personal que entiende cuando le hablas. Puedes instruirle verbalmente para que mande un mensaje de texto, ¡y lo hace! ¡Qué excitante! La CNN afirma que no es necesario que cunda el pánico; el almacén de Atlanta está lleno de iphones para cubrir cualquier demanda.

Considerando solo las cifras es fácil evitar la verdad sobre la enorme cantidad de sufrimiento humano que envuelven. Conduzcan a través de las calles de cualquier ciudad estadounidense y esas estadísticas cobrarán vida en las hinchadas filas de los sin techo. Conduzcan por las calles de Kabul y esas estadísticas cobrarán vida con niños hambrientos mendigando una moneda.

Es difícil determinar qué beneficios obtiene EEUU de nuestra continuada presencia militar en Afganistán, aunque la explotación de sus recursos naturales juega realmente un papel. Se están gastando cientos de miles de millones de dólares en una estrategia militar que está haciendo aguas por todos lados. Sin embargo, los políticos de este país continúan apoyando esa estrategia. Comerciantes de armas y contratistas, como G.E. y Boeing, junto a todos los lobbys del Capitolio, continúan cosechando grandes premios económicos y a cambio recompensan a los políticos con su apoyo financiero. Nuestros políticos afirman ser “duros con el terror” y declaran que estamos “ganando”. Pero, ¿cómo pueden afirmar eso? La única gente afgana que está beneficiándose de nuestra presencia son quienes apoyan a las fuerzas de ocupación, los señores de la guerra y los señores de la droga. Como los campos de adormidera están consiguiendo rendimientos de record, “los palacios-adormidera” están brotando por todo Kabul como signos ostentosos de que alguien se está beneficiando de nuestra interferencia.

Una medida para juzgar el éxito de una nación es su capacidad para proteger a las poblaciones más vulnerables. EEUU no está triunfando. La grave situación de las mujeres y de los niños en Afganistán sigue siendo un problema de deliberada crueldad humana, perpetrada por quienes buscan intimidar y controlar. ¿Cuándo escucharán nuestros políticos el llanto desesperado de los niños de la calle afganos, quienes, a pesar de todo el incienso del mundo no pueden, sencillamente, sacudirse la malignidad de nuestra ocupación?

Johnny Barber acaba de regresar de Afganistán, de un viaje en el que ha formado parte de una delegación de Voices for Creative Non-Violence. Ha viajado a Iraq, Israel, Palestina, Líbano, Jordania, Siria y Gaza para dar testimonio y documentar el sufrimiento de los pueblos afectados por la guerra. Puede conocerse su trabajo en:

www.oneBrightpearl-jb.blogspot.com y www.oneBrightpearl.com

Fuente:

http://www.counterpunch.org/2011/10/18/whatever-happened-to-women-and-children-first/

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=137816&titular=%BFqu%E9-fue-de-aquello-de-%93las-mujeres-y-los-ni%F1os-primero%22?-

Bebés en riesgo

Publicado: octubre 14, 2011 en INFANCIA

Por Zofeen Ebrahim

KARACHI, Pakistán, oct (IPS) – Un recién nacido muere cada cuatro minutos en Pakistán. Pero no siempre fue así. En los años 50, una fuerte política de población puso a este país en el segundo lugar en las dos décadas siguientes en mejor atención de salud infantil en Asia meridional, detrás de Sri Lanka.

La situación se deterioró de forma considerable luego de esos años y los indicadores en materia de salud con madres, menores y recién nacidos empeoraron.

Pakistán es uno de los cinco países donde ocurren más de la mitad de las muertes de neonatos del mundo, señala un estudio de 20 años realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), Save the Children y la London School de Higiene y Medicina Tropical. Los otros son India, Nigeria, China y República Democrática del Congo.

En Pakistán mueren 42 neonatos cada 1.000 nacidos vivos, bastante por encima del promedio mundial de casi 24.

Con la atención mundial concentrada en la salud materna e infantil, los recién nacidos se suelen pasar por alto, señala el informe publicado el 30 de agosto por la revista PLoS Medicine.

En cambio China, que en los años 50 tenía tasas de mortalidad neonatal e infantil mayores que Pakistán, mostró un progreso considerable.

Ese país logró disminuir en dos tercios la mortalidad neonatal, de 24,7 a 9,3 por 1.000 nacidos vivos entre 1996 y 2008.

El éxito sin precedentes de China obedece a una intervención en dos áreas, favorecer el acceso a la atención obstétrica en zonas rurales y promover los partos hospitalarios, según un estudio realizado durante 12 años por la Universidad de Pekín y la London School.

Las dos medidas y, en especial, los partos hospitalarios resultaron muy exitosos, concluyó el estudio. El lugar donde se realiza el parto marca la diferencia, señala. Pero los especialistas alertan que la situación mejorará solo si “se brinda una asistencia neonatal de alta calidad” en los primeros días después del nacimiento.

Dos de cada tres mujeres tienen a su hijo en su casa, por lo general con la ayuda de una comadrona. Los partos domiciliarios pueden generar complicaciones para la madre y para el recién nacido.

“La atención que reciben los recién nacidos en muchas zonas rurales de Sindh puede resultar perjudicial”, señaló Fizza Qureshi, quien trabajó capacitando parteras tradicionales en esa provincia.

Entre las prácticas perniciosas se encuentra la utilización de una pasta hecha de kohl (antimonio), aceite y bosta de vaca, supuestamente para mejorar la cicatrización del ombligo del bebé. Se descarta el calostro (la primera sustancia que sale del seno de la madre después del parto) y se les da miel con un mejunje de hierbas o “kheer” (leche cocida con arroz y azúcar), indicó Qureshi.

“En la mayoría de las aldeas de Sindh, se da a los recién nacidos leche de cabra, considerada más liviana que la de vaca, y de búfalo, porque se cree que la madre no produce suficiente cantidad en los tres primeros días”, apuntó Qureshi. En las localidades con comadronas capacitadas se registran mejoras, apuntó.

Las consecuencias de los efectos positivos de las parteras capacitadas sobre la mortalidad materna y neonatal es escasa y cuestionable, “la mayoría procedente de pequeños proyectos bien controlados”, indicó Farid Midhet, fundador de Safe Mothehood Pakistan (maternidad segura).

© UNICEF/HQ06-0343/Pirozzi

En los años 80 y 90, el gobierno capacitó a más de 60.000 comadronas, indicó Midhet. “Casi todas las organizaciones no gubernamentales hicieron lo mismo en algún momento a lo largo de los años”, puntualizó.

Experiencias similares se han repetido en otros países en desarrollo, indicó. “La evidencia acumulada indica que las parteras tradicionales capacitadas no tienen ningún impacto sobre la mortalidad materna o neonatal”, remarcó. Se mantiene la estrategia para ofrecer “algo” de asistencia donde no hay.

La única forma de disminuir las muertes de recién nacidos es reemplazar a las comadronas por parteras egresadas de un centro de formación terciaria. Indonesia y Malasia hicieron eso y tuvieron éxito, indicó Shershah Syed, ginecólogo obstetra de Karachi.

Muchas parteras agarran al recién nacido de los pies, cabeza abajo, y lo palmean para ayudarlo a respirar, indicó. “El conocimiento científico sobre resucitación de recién nacidos como refregar al bebé para secarlo y utilizar un dispositivo simple de ventilación pueden servir para salvar la vida, pero eso no lo saben las comadronas”, dijo a IPS.

Se hizo un experimento de recurrir a parteras recibidas en el distrito de Tando Allah Yar, en la provincia de Sindh, con resultados exitosos.

“Llevamos parteras formadas a un centro estatal de madres con sus hijos, donde solo había uno o dos partos por mes. Nos sorprendió que aumentara la cantidad de nacimientos de forma inusual”, indicó.

Las madres reciben atención de calidad, se acercarán a una maternidad, apuntó.

Pero Farid insistió en que las parteras no pueden salvar a la madre ni al recién nacido “a menos que se ponga a alcance de todo el mundo asistencia obstétrica y neonatal de emergencia” en los centros de salud. (FIN/2011)

http://ipsnoticias.net/nota.asp?idnews=99355

Por: Conexión Colombia el 17/08/11 11:18

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El trabajo infantil es una de las principales causas del subdesarrollo y sus consecuencias son muy graves. Según la Organización Internacional del trabajo sólo en Colombia trabajan más de medio millón de niños y niñas. La denuncia y la prevención son imprescindibles para acabar con ello.

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Un niño que trabaja es hijo y nieto de otros que en su infancia trabajaron. Es un círculo vicioso que podría prolongarse indefinidamente si gobiernos, organizaciones y sociedad civil no toman medidas radicales.

La cifra es aterradora y va en aumento. Según un estudio publicado recientemente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1.849.987 niños y niñas actualmente están trabajando en Colombia, todos por fuera de los esquemas de la legalidad. Son 250.000 más niños trabajando que en 2007 cuando se hizo el último sondeo.

Según datos del Dane de 2009, el 37 por ciento de los niños trabajadores lo hace en la agricultura, el 30.5 en el comercio, 13.6 en la industria, 10.7 en otros oficios y 7.6 en servicios. Las ciudades donde se concentra más el trabajo infantil son Montería (12.9%), Bucaramanga (12.1%) e Ibagué (10.9%).

A todas luces, a los niños trabajadores se les están violando sus derechos. El niño que entra al mercado laboral está perdiendo el derecho a descansar y a jugar. Aunque en apariencia estos son derechos superfluos, son realmente fundamentales para adquirir otras competencias, que van desde la capacidad de mostrar afecto hasta la facilidad de aprender matemáticas. El cerebro de un niño, todavía en crecimiento, necesita del descanso y el juego para terminar de crearse.

La violación de derechos es mucho más grave cuando se habla de la explotación sexual o el reclutamiento forzoso para el conflicto armado. “Las niñas sufren una pérdida de futuro cuando son víctimas de explotación sexual”, afirma Ximena Norato, directora de la Agencia Pandi, una agencia de comunicaciones dedicada a promover la defensa de los Derechos Humanos y especialmente los derechos de la niñez. “Piensan que no nacieron para nada más”.

Es aún peor lo que sucede en los casos de reclutamiento en el conflicto armado, que también es una forma de trabajo infantil. “En estos casos el niño pierde todos sus derechos, es un objeto de guerra utilizado para la guerra”, agrega Norato. Los niños que trabajan pierden una etapa irrecuperable de sus vidas, tanto para su formación académica como humana.

De igual forma, para el niño o niña el trabajo tiene unas consecuencias físicas, especialmente cuando éstos empiezan a trabajar en industrias como ladrilleras, cementeras, y plazas de mercado. Sus huesos no han terminado de formarse, son todavía elásticos, es decir, que al mandar a un niño a trabajar, o al darle trabajo a un niño, se está contribuyendo a deformar a esta persona.

Ahora, más allá del individuo, están los costos sociales de tener niños trabajando. Al contratar a un infante se está frenando el mismo desarrollo del país. La realidad es que mientras menos gente educada haya en la fuerza laboral, más tiempo tomará alcanzar el desarrollo anhelado.

Los niños que trabajan son personas que prolongan el espiral de pobreza. Según Gloria Carrascal de la fundación Estructurar, una entidad sin ánimo de lucro que se dedica a luchar contra el trabajo infantil en Bucaramanga y sus alrededores, los niños simplemente se convierten en replicantes de su misma situación. Es decir, que al no tener herramientas necesarias para superar sus condiciones de pobreza, tampoco podrán inculcarlas en sus hijos. “Pueden además darse casos de prostitución, actividades delictivas, ingreso a pandillas, consumo de sustancias psicoactivas”.

Y por otra parte, los niños trabajadores salen a asumir una vida para la cual no están preparados. Un niño que trabaja en la calle está expuesto al sol, la lluvia, el smog, el tránsito. Así mismo, según la Organización Internacional del Trabajo, el trabajo en el sector agrícola aumenta el riesgo de los niños trabajadores, pues están en contacto permanente con químicos pesticidas, y herramientas peligrosas como machetes y cuchillas.

Sin embargo, el tema del trabajo infantil en el campo es un debate que puede ampliarse. Para Hernán Correa, de la Fundación Escuela Nueva, la cultura campesina implica unas dinámicas sociales diferentes. El principio del trabajo es radicalmente distinto, pues tiene más que ver con colaborar y continuar el aprendizaje y menos con “ganarse el jornal”. Sin embargo, concuerda con Carrascal y Norato en que, cuando las condiciones de pobreza son tan extremas que el niño debe abandonar la escuela y dedicarse a trabajar en el campo, es una pérdida para el proyecto de crecimiento del país.

Más allá de los debates, la solución frente al trabajo infantil depende de un cambio cultural y de un esfuerzo de la sociedad como conjunto. Tal parece que nos hemos hecho insensibles frente al trabajo infantil hasta llegar a considerarlo parte del paisaje, cosa que debe llegar a su fin. Hace falta hacer un examen de consciencia y preguntarse si será correcto ignorar, o en el peor de los casos promover el trabajo infantil.

“El Estado, la familia y la sociedad tienen que actuar juntos, de manera articulada y sostenida para lograr resultados en esa tarea que nos involucra a todos”, se lee en un estudio publicado la semana pasada por la Fundación Telefónica, que lleva más de diez años adelantando el programa Proniño contra el trabajo infantil.

Norato agrega que no es trabajo únicamente de una fundación ni del Estado, sino un problema de absolutamente toda la sociedad, que tiene que visibilizar el problema, sacarlo del paisaje y participar para acabar de raíz con el trabajo infantil.

Para quienes trabajan en el tema, debe hacerse una intervención sistémica, que incluya a los padres de familia como participantes de la experiencia. Es decir, que no vale nada sacar a los niños del mercado laboral si esta necesidad viene desde los padres. Inculcarles a los padres la importancia de evitar el trabajo infantil resulta inevitablemente en el retorno de los niños al esquema de la educación formal.

Por otra parte, cuenta Gloria Carrascal, para hacer un trabajo efectivo debe hacerse gradualmente y con flexibilidad. Estructurar, por ejemplo, organiza sus actividades alrededor del trabajo de los niños, y han descubierto que esta actitud es muy efectiva pues eventualmente los niños dejan el trabajo y, con el apoyo de sus familias, entran tiempo completo a la fundación, que se dedica a la educación y preparación vocacional de los jóvenes.

Y ya, como individuos, podemos luchar contra este flagelo diciendo NO. No a contratar empleadas domésticas menores de edad, no a la mendicidad, no a los niños que quieren cargar nuestros paquetes en las plazas de mercado. Además de denunciar y participar en actividades de prevención. Sólo haciendo frente a la situación lograremos un cambio.

Estas organizaciones colombianas trabajan por un cambio en Colombia, promoviendo la educación y diciéndole NO al trabajo infantil: Formemos, Estructurar y Hogar Niños por un nuevo planeta.

Artículo de Gabriela Sáenz Laverde.

 

http://www.canalsolidario.org/noticia/que-podemos-hacer-contra-el-trabajo-infantil-en-colombia/27213