Archivos de la categoría ‘Cambio climático’

 
A modo de introducción
 
. Consecuencias del cambio climático abrupto o lento: elevación del nivel de los océanos, incremento de las temperaturas, veloz modificación de las ecologías, el clima se tornará mucho más inestable, los eventos climáticos extremos como tormentas, inundaciones, olas de calor y sequías se harán más frecuentes e intensos, se generarán huracanes de gran envergadura. Etc.. ¿Es posible calcular el número de víctimas que pueden producirse?No con exactitud. Probablemente: cientos de millones y un número mayor de habitantes del planeta se vería reducido a una condición “animal” (por lo que podría presenciar y lo que haría o tendría que hacer para sobrevivir).. Posibles reacciones políticas complementarias en numerosos países: uso de la fuerza militar para obligar a los pobres y a los trabajadores menos organizados a pagar directamente, en sus vidas y salud, el altísimo coste de la catástrofe.. ¿Se tratará de un Argamedón que liquide la especie humana? No, la vida humana se recuperará probablemente al cabo de un tiempo que no puede determinarse y seguirá su curso -muchas otras especies no podrán conseguirlo en cambio-, pero la situación dejará tras de sí millones y millones de cadáveres y la desolación inconmensurable de la barbarie generada.

Datos, inferencias y explicaciones.

. Causas del calentamiento global: fundamentalmente por dos gases del efecto invernadero, el dióxido de carbono (CO2), que no abunda en el atmósfera, y el metano (el más importante es el primero).

. En toda la historia conocida del planeta cuando más CO2 ha habido en al aire más alta ha sido la temperatura.

. Papel del CO2: permite el paso del a radiación solar pero impide que una parte de la radiación terrestre regrese al espacio: esa radiación queda atrapada en forma de calor y hace que nuestro planeta se caliente.

. Moléculas del CO2 en la atmósfera (en estos momentos incluso de calentamiento global): 380 por cada 1.000.000.

. Durante miles y miles de año la Tierra ha oscilado entre edades de hielo y períodos cálidos. CO2 en las edades de hielo: 180 partes de CO2 por millón; en los segundos, los períodos cálidos: 280 partes por millón.

. Emisiones recientes de CO2: cuando hace 200 años y en algunos países, irrumpió en la Tierra (en un período cálido) la revolución industrial, se empezaron a quemar carbón (Carbono, C, básicamente); petróleo (C e H [hidrógeno]) y gas natural (también C e H básicamente). La combustión de carbón, petróleo y gas natural genera carbono que combinado con el oxígeno del aire forma el CO2 (son las llamadas “emisiones” de dióxido de carbono)

. Vías de absorción naturales (vías de escape, una marina y otra terrestre, los llamados “sumideros de carbono”) de estas emisiones de CO2: árboles y plantas (toman el CO2 del aire y forman carbohidratos, el material básicos del que están compuestos) y los océanos (el CO2 pasa con facilidad del aire al agua: pequeños animales que viven en el mar usan el CO2 para construir sus conchas).

. Moléculas de CO2 (gas estable que no se descompone fácilmente) que se añaden a la atmósfera anualmente por la acción humana: 3,5 partes por millón. Los dos sumideros absorben, conjuntamente, 1,4 partes por millón. Luego, son 2,1 partes por millón las que agregamos a la atmósfera cada año que permanecen en ella entre 100 y 200 años.

. Incremento de CO2 en la atmósfera desde que la especie humana empezó a quemar gas natural, carbón y petróleo en grandes cantidades: de 280 a 385 partes por millón (incremento del 37,5%) [el mismo nivel de incremento experimentado por la Tierra en el paso de las edades de hielo a los períodos cálidos].

. Metano (1 átomo de C y 4 de H): segundo gas del efecto invernadero: hay en la atmósfera 200 veces más CO2 que metano (que es un gas inestable que se descompone al entrar en contacto con el ozono).

. Duración del metano en la atmósfera: 12 años (CO2: entre 100 y 200 años).

. Problema del metano: el efecto de calentamiento de este gas es mucho mayor que el del CO2 (una molécula de metano, a lo largo de su existencia, tiene más de 20 veces el efecto de calentamiento de CO2) [Durante los primeros años en que las moléculas están en la atmósfera el efecto del metano es 100 veces superior al del CO2].

. Combinando ambos factores, teniendo en cuenta la mayor duración del CO2, su efecto es mucho mayor: el CO2 es responsable del 70% del calentamiento producido por la actividad humana, frente al 13% del metano (además, la reducción de metano produciría un cambio inmediato muy importante).

. Cantidad de metano en el aire: se ha duplicado desde 1800 (aunque en la actualidad, las emisiones de metano han experimentado una pequeña reducción).

. Fuentes de emisión de metano: fugas de gas natural (compuesto básicamente de metano) procedentes de minas de carbón, yacimientos de petróleo y gas, y centrales eléctricas, y, por otra parte, la descomposición de la materia orgánica.

. Otros gases de efecto invernadero: el más importante, el óxido nitroso (del uso de fertilizantes, procesos industriales, escape de los automóviles).

. Momento en el que la comunidad científica ya sabían que el cambio climático abrupto era un fenómeno común y global, y habían logrado componer un cuadro razonablemente certero del cambio abrupto en el pasado: a finales de la década de 1990.

. Situación en la actualidad: hay 100 partes de CO2 por millón más en la atmósfera que en los períodos cálidos previos.

. ¿Quiere esto decir que se producirá automáticamente otro cambio abrupto? No: no sabemos con exactitud cuándo pasaremos a otro período estable con temperaturas mayores. La Tierra alcanzará, en un determinado momento, tras la subida de la temperatura, un nuevo equilibrio mucho más cálido: la vida humana seguirá siendo posible pero será mucho más difícil y bastante distinta de la actual.

. Incremento de la temperatura desde 1800: 0,7 grados C (el cambio climático abrupto empieza a ser probable a partir de un incremento de 2 grados C).

. Mejor estimación de la que disponemos: un nivel de CO2 entre 400 y 450 partes por millón (estamos en 385 partes) produciría un aumento de la temperatura de 2 grados (habremos llegado a la zona de peligro respecto a un cambio abrupto a partir de un incremento entre 15 y 65 puntos de CO2 por millón).

. Conjetura: es probable aunque no seguro que se lograría evitar un cambio climático abrupto si estabilizáramos el contenido de CO2 en la atmósfera en los próximos siete años [15 partes] (puede –PUEDE- que no pasa nada si lo hacemos en un período de 31 años [65 partes]).

. Forma de estabilizar el contenido de CO2 en la atmósfera: reducir las emisiones anuales a 1,4 partes por millón (disminución en un 60% de la tasa anual de emisiones) [dado que los sumideros de carbono cada vez actúan peor deberíamos probablemente aumentar la reducción al 70%, diez puntos más].

. Dimensiones de la tarea política que representa evitar los horrores sociales y naturales que acompañarían CON TODA PROBABILIDAD a un cambio climático abrupto: reducción de las emisiones globales de CO2 entre 60 y el 70% en un período comprendido entre unos 10 y 30 años.

Fuente principal: Jonathan Neale, Cómo detener el calentamiento global y cambiar el mundo. El Viejo Topo, Barcelona, 2012.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 
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PÚBLICO.ES / EFE Durban 02/12/2011

Sin embargo, la última palabra la tendrán los respectivos ministros en las reuniones que empezarán el próximo día 06

Los negociadores de 195 países siguen intentando en Durban, Suráfrica, desatascar un acuerdo global de reducción de emisiones de CO2. Mientras fuera del recinto donde se reúnen los mandatarios se suceden las protestas contra la gestión que los países ricos están haciendo de la crisis climática, en el interior se han alcanzado unos acuerdos en los que, según la ONU, “se ha avanzado mucho” para renovar el Protocolo de Kioto.

Así lo dijo la secretaria ejecutiva de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC), Christiana Figueres. “Esta semana hay razón para el optimismo porque ha habido muy buen progreso”, añadió en el Centro Internacional de Conferencias (ICC) de Durban.

El Protocolo, firmado en 1997 y en vigor desde 2005, es el único tratado legalmente vinculante que fija obligaciones a los países desarrollados para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

El primer periodo de compromiso termina a finales de 2012, sin que aún se haya logrado establecer las bases del segundo tramo del Protocolo, que debería comenzar en 2013. La renovación del Protocolo se ha convertido en uno de los grandes retos de la COP17, que se celebra desde el 28 de noviembre hasta el 9 de diciembre.

Esta cumbre arrancó con “bajas expectativas”, según señaló ayer el subsecretario general de la ONU para planeamiento y coordinación de Políticas, Robert Orr.

Sin embargo, en esta primera semana de negociaciones, “se ha avanzado mucho”, dijo la responsable del CMNUCC. “Se están viendo -explicó- las opciones que tienen que ver con cómo se va a hacer el segundo periodo. Ya la pregunta no es si va a haber un segundo periodo, sino cómo se va a hacer un segundo periodo”.

La última palabra la tendrán los responsables de los distintos países

“Y ahí ya -continuó- los países están empezando a ver la duración que podría tener un segundo periodo. Están empezando a ver la forma legal y qué decisión podrían tomar acá”.

Figueres subrayó también que, a partir de ahí, la última palabra la tendrán los responsables ministeriales de los diferentes países, que empezarán las reuniones de alto nivel el próximo día 6.

“Ahí ya -reiteró- esa conversación no está definida porque será a nivel de ministros, pero el hecho de que ya están viendo el cómo (se va a diseñar el segundo periodo de compromiso) es un gran paso adelante”.

Protestas continuas

Aparte de la reunión de los mandatarios, miles de activistas y organizaciones ecologistas o críticas con el actual modelo de crecimiento que provoca el cambio climático se han dado cita en Durban para reclamar otro modelo social y económico para que la Tierra pueda sobrevivir.

Entre ellos está la Coordinadora de Pueblos del Amazonas (COICA), que agrupa a naciones indígenas de nueve países latinoamericanos. Ayer advirtió de que el proyecto de absorción de carbono a través de reforestación y conservación (REDD+) “no pasará por las tierras indígenas” si no se establece un nuevo marco legal.

Una manifestante con una placa solar en Durban, donde los líderes mundiales tratan el cambio climático.Representantes de los pueblos de la cuenca del Amazonas anunciaron su postura en una rueda de prensa celebrada en Durban.

Reclaman la soberanía de sus tierras, el subsuelo y la atmósfera frente a la contminación de Occidente

“El REDD+ necesita ser reestructurado para que el dinero vaya directamente a las comunidades indígenas y no a los mercados del carbono”, afirmó hoy el ecuatoriano Juan Carlos Jintiach, coordinador del área de cooperación económica de la COICA.

El programa de Reducción de Emisiones a través de la Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD) tiene como objetivo poner en valor la capacidad de absorción de CO2 por parte de los bosques, y servir de instrumento para los países en desarrollo en la reducción de emisiones. 

La COICA mostró su rechazo a la “carbonización” de los bosques, en referencia a los mercados de reducción de emisiones carbono, y reclamaron un marco legal que reconozca la soberanía de sus tierras, y que incluya tanto el subsuelo como la propia atmósfera. 

http://www.publico.es/ciencias/410230/la-onu-dice-que-se-ha-avanzado-mucho-en-durban-para-renovar-el-protocolo-de-kioto-planetatierra

 

http://www.horadelplaneta.es/

Inundaciones por nuestra culpa

Publicado: febrero 17, 2011 en Cambio climático

Las emisiones de CO2 han provocado el aumento de riesgo de tormentas – La Tierra se polariza entre zonas secas y zonas de lluvias extremas

Inundaciones en Hitzacker, en 2006

La ciudad alemana de Hitzacker, cubierta por la crecida del Elba en 2006. Las inundaciones se vinculan ahora a las emisiones.- AFP

JAVIER SAMPEDRO 17/02/2011

Los aumentos en los últimos años de las inundaciones catastróficas se deben en parte a fluctuaciones naturales, como La Niña, o enfriamiento ocasional del Pacífico ecuatorial. Que el cambio climático haya empeorado la situación ha sido hasta ahora una cuestión muy polémica y difícil de probar. Dos trabajos demuestran hoy en Nature que las emisiones humanas sí han incrementado la probabilidad de tormentas y el riesgo de inundaciones.

Pardeep Pall y sus colegas del ETH de Zúrich (el tecnológico de Zúrich; las siglas son de Eidgenössische Technische Hochschule) muestran que las emisiones aumentaron el riesgo de inundaciones en Inglaterra y Gales en más del 20%. El equipo de Francis Zwiers, de la Universidad de Victoria, Canadá, alcanza conclusiones similares analizando con nuevo poder estadístico las precipitaciones de 1951 a 1999 en las zonas terrestres del hemisferio norte.

“Los cambios en las precipitaciones extremas”, dicen los científicos de Victoria, “y por tanto los impactos que tendrán en el futuro, han sido subestimados hasta ahora”. Los actuales modelos de predicción climática, según revela el nuevo trabajo, calculan unos incrementos en la ocurrencia de lluvias extremas que están por debajo de las cifras reales observadas en las últimas décadas.

Zwiers y sus colegas han utilizado los datos tomados entre 1951 y 1999 por 6.000 estaciones pluviométricas terrestres repartidas por el hemisferio norte. Y han comparado esas observaciones con las predicciones de dos tipos de modelos climatológicos: los que consideran el efecto de las emisiones humanas (dióxido de carbono, o CO2, y otros gases de efecto invernadero); y los que consideran las fluctuaciones debidas a fenómenos naturales además de las emisiones antropogénicas.

El grupo de Zúrich, por su parte, se ha centrado en datos de Inglaterra y Gales por sus tomas detalladas y antiguos registros históricos, aunque no pretenden que sus conclusiones tengan exclusivamente una validez local.

Han podido considerar así acontecimientos extremos concretos como las inundaciones que castigaron Reino Unido en octubre y noviembre de 2000, que dañaron 10.000 viviendas, inutilizaron los servicios públicos y causaron unas pérdidas de 1.300 millones de libras (1.500 millones de euros). Este fue el otoño más lluvioso en Inglaterra y Gales desde el inicio de los registros en 1766.

Aquellas inundaciones de 2000 ya fueron consideradas en la época como una llamada de atención sobre los efectos del cambio climático. Pero esas afirmaciones, según Pall y sus colegas, solo se basan en “argumentos termodinámicos de tipo general”.

Por ejemplo, es sabido que el calentamiento de la superficie de los océanos incrementa la humedad de la atmósfera y, con ello, sugiere un mayor riesgo de precipitaciones extremas. “Pero esos argumentos no pueden dar cuenta de la compleja hidrometeorología asociada con las inundaciones”, destacan los científicos suizos.

Los modelos que han utilizado ahora incluyen todas esas variables adicionales y unas técnicas estadísticas de última generación. La potencia de computación que requieren estos cálculos excede a la de los más potentes ordenadores, y solo ha sido posible con un proyecto de computación distribuida: es decir, tomando prestados los ordenadores personales de la gente mientras no los están utilizando.

Estos sistemas, que se están demostrando de una gran utilidad para la ciencia, siguen a la estela de SETI@home, el proyecto de computación distribuida concebido en 1999 por el programa SETI (Search for Extra-Terrestrial Intelligence) de búsqueda de inteligencia extraterrestre, que llegó a contar con 5,2 millones de participantes en todo el mundo y computó 1.000 trillones de operaciones (un 1 seguido de 21 ceros). Su potencia de computación fue de 480 Teraflops, o billones de operaciones por segundo), comparable a la de Deep Blue.

Gracias a los voluntarios que aportaron el tiempo muerto de sus ordenadores, los climatólogos suizos pudieron generar miles de simulaciones de modelos climáticos con una resolución similar a la que tienen las predicciones meteorológicas convencionales, todas ellas referidas al otoño inglés de 2000. Luego alimentaron con esos resultados otro modelo bien establecido que se usa para simular las crecidas intensas de los ríos en Inglaterra y Gales.

“La magnitud precisa de la contribución antropogénica sigue siendo incierta”, admiten los científicos de Zúrich, “pero en nueve de cada diez casos nuestros resultados indican que las emisiones de gases de efecto invernadero de origen antropogénico, producidas a lo largo del siglo XX, incrementaron el riesgo de inundaciones en Inglaterra y Gales, durante el otoño de 2000, en más de un 20%”.

El porcentaje aumenta hasta el 90% si, en vez de exigir que el resultado se reproduzca en nueve de cada diez simulaciones, uno se conforma con dos de cada tres.

Los efectos del calentamiento global en el riesgo de precipitaciones extremas, y por tanto de inundaciones, se deben en último término al vapor de agua de la atmósfera. La colisión de masas de aire cargadas de vapor de agua conduce a la formación de nubes y a la precipitación de lluvias.

Richard Allan, del departamento de meteorología de la Universidad de Reading (Reino Unido), explicó en una teleconferencia junto a Zwiers y Pall, que la capacidad de la atmósfera para cargarse de agua aumenta con la temperatura de forma exponencial. Cada grado de calentamiento de la atmósfera junto a la superficie terrestre incrementa en un 6% el agua transportada por la atmósfera). Esto no es solo una predicción de los modelos climáticos, sino que de momento se va confirmando con las observaciones.

“La lluvia intensa es un fenómeno inherentemente local”, dice Allan, “pero está alimentado por un suministro de humedad atmosférica llegada de otras partes. Esa humedad habría, en condiciones normales, causado una lluvia más moderada en otras partes”.

Aunque resulte difícil de admitir en época de inundaciones, la lluvia es un bien escaso e injustamente distribuido. Los aumentos rápidos de precipitación en unas zonas llevan consigo una disminución de la intensidad o la frecuencia de las lluvias en algún otro sitio. La mayoría de los modelos climáticos expresan esto como un aumento del régimen de precipitaciones en las zonas templadas que ya son húmedas, y una correspondiente disminución de las lluvias en las zonas subtropicales que ya son secas.

“Dadas sus implicaciones para las inundaciones y las sequías del futuro”, dice Allan, “es vital establecer los fundamentos físicos para estos cambios, y verificar la teoría con más observaciones”.

De momento, asociar las inundaciones al tubo de escape de su vecino ya es algo más que una conversación de ascensor.

 

 

 

 

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Inundaciones/culpa/elpepusoc/20110217elpepisoc_1/Tes

Por: CCS el 09/02/11 16:13

Tiempo estimado de lectura : 3 minutos

Los huracanes, los terremotos, la subida del mar y la desertificación provocan la migración de millones de personas que parten sin destino, ya que ningún país del mundo reconoce el estatuto de refugiado ambiental.

La ONU calcula que en 2010 se pudieron alcanzar los 50 millones de desplazados por los “caprichos de la naturaleza”. Un éxodo sin “tierra prometida” y sin ningún destino que otear en el horizonte ya que ningún país concede el estatuto de refugiado ambiental.

Los casos recientes de los devastadores terremotos de Haití y Chile dan buena cuenta de una realidad que no afecta por igual a todos los países. Si bien es cierto que la madre naturaleza no hace distinciones entre sus hijos, ya sean ricos o pobres, también lo es que, muchas veces, detrás de las catástrofes naturales se esconden la mano del hombre y su inconsciencia.

Las construcciones con materiales de dudosa calidad y en espacios no urbanizables son uno de los efectos contraproducentes más habituales que se derivan de la intervención humana en las zonas más propensas al impacto desbocado del medio ambiente. Quizás sea ésta la razón que hace que la naturaleza reparta su ira con medidas desiguales. Baste con mencionar Japón.

Las causas ambientales que pueden llevar a millones de personas a emprender una nueva vida lejos de la suya son múltiples. El cambio climático sólo es la última en unirse a la lista. Desastres naturales como los del huracán Katrina o el tsunami que asoló el sureste asiático en 2004, la desertificación o desgraciados accidentes industriales como el de Chernobyl suponen el punto de partida de un viaje de ida a ninguna parte y para el que parece no haber retorno.

Tanto es así que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) afirma que hoy la degradación ambiental desplaza a más personas que el cómputo global de las guerras que permanecen candentes en el mundo. En suma, este organismo calcula que son 211 millones las personas que han tenido que migrar por razones relacionadas de manera directa o indirecta con el deterioro de su entorno natural.

El futuro tampoco parece halagüeño. Las estimaciones para 2050 se confunden en un auténtico remolino de cifras inexactas que debilita la voluntad de los estados y de los organismos internacionales de afrontar el problema. Los 200 millones de refugiados que vaticinan los estudios de la Universidad de Oxford se multiplican por cinco, según las apreciaciones de Christian Aid. Ante esta grave indeterminación, muchos expertos han propuesto la elaboración de una convención especial que proteja a los desplazados ambientales.

Nueva Zelanda ya ha dado el primer paso hacia la consecución de este objetivo al acoger a los ciudadanos de las islas Tuvula y Fiji, en peligro de desaparición debido a las constantes subidas del mar. El caso neozelandés supone un avance importante pero hasta el momento es único y aislado. En la pasada cumbre de Copenhague sobre el cambio climático los refugiados ambientales no fueron ni tan siquiera mencionados.

Aún así y pese a que se trata de una situación compleja en la que confluyen demasiados intereses políticos, sociales y económicos por parte de los países implicados, la traba principal para encontrar una solución aceptable se reduce a una única cuestión: identificar quién ha motivado el desplazamiento. Éste es quizás el requisito fundamental que el derecho internacional considera ineludible para que un refugiado pueda solicitar asilo. Por eso, lograr que se reconozca al hombre como causante y por tanto culpable de las consecuencias del cambio climático puede significar la gran esperanza de millones de personas obligadas a ser nómadas.

Dadas las circunstancias, la responsabilidad de cuidar el planeta parece más obvia que nunca. Por supuesto, los envistes de la naturaleza no pueden ser controlados por el hombre pero sí los suyos propios. Una mayor prevención, en la medida de lo posible, reduciría las pérdidas y evitaría tanto dolor innecesario. Hoy el problema “sólo” es conseguir que la comunidad internacional reconozca los derechos del refugiado ambiental. ¿Qué pasará cuando no quedé un solo lugar en la Tierra al que podamos huir en busca de refugio? Todavía estamos a tiempo de construir un buen presente que augure un mejor futuro.

Artículo de David Rodríguez Seoane, periodista y colaborador del Centro de Colaboraciones Solidarias

 

http://www.canalsolidario.org/noticia/50-millones-de-refugiados-ambientales-exodo-a-ninguna-parte/23242

Leonardo Boff |

Un cataclismo ambiental, social y humano se ha abatido en la segunda semana de enero sobre las tres ciudades serranas del Estado de Río de Janeiro, Petrópolis, Teresópolis y Nueva Friburgo, con cientos de muertos, destrucción de regiones enteras y un inconmensurable sufrimiento de quienes perdieron familiares, casas y todos sus haberes. Sus causas más inmediatas han sido las lluvias torrenciales propias del verano, y la configuración geofísica de las montañas, con poca capa de suelo sobre el cual crece una exuberante floresta subtropical, asentada sobre inmensas rocas lisas, que a causa de la infiltración de las aguas y el peso de la vegetación provocan frecuentemente deslizamientos fatales.

Se culpa a las personas que ocuparon las áreas de riesgo, se incrimina a los políticos corruptos que distribuyeron terrenos peligrosos a la gente pobre, se critica al poder público que se mostró indolente y no hizo obras de prevención por no ser visibles y no atraer votos. En todo esto hay mucha verdad, pero la causa principal de esta tragedia avasalladora no reside en eso.

 

La causa principal deriva del modo como solemos tratar a la naturaleza. Ella es generosa con nosotros, pues nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir, pero en contrapartida la consideramos como si fuera un objeto del que podemos disponer a capricho, sin sentido de responsabilidad por su preservación y sin que le demos retribución alguna. Al contrario, la tratamos con violencia, la depredamos, arrancando todo lo que podemos de ella para nuestro beneficio. Y encima la convertimos en un inmenso basurero de nuestros desechos.

Todavía peor aun: no conocemos su naturaleza ni su historia. Somos analfabetos e ignorantes de la historia que se realizó en nuestros lugares a lo largo de millares y millares de años. No nos preocupamos de conocer su flora ni su fauna, las montañas, los ríos, los paisajes, las personas significativas que vivieron ahí, artistas, poetas, gobernantes, sabios y constructores.

Somos en gran parte todavía deudores del espíritu científico moderno que identifica la realidad con sus aspectos meramente materiales y mecanicistas sin incluir en ella la vida, la conciencia y la comunión íntima con las cosas que los poetas, músicos y artistas nos evocan en sus magníficas obras. El universo y la naturaleza tienen una historia que está siendo contada por las estrellas, por la Tierra, por la afloración y la elevación de las montañas, por los animales, por los bosques y selvas, y por los ríos. Nuestra tarea es saber escuchar e interpretar los mensajes que nos mandan. Los pueblos originarios sabían captar cada movimiento de las nubes, el sentido de los vientos, y sabían cuando venían o no trombas de agua. Chico Mendes con quien participé en largos recorridos por la selva amazónica de Acre sabía interpretar cada ruido de la selva, leer las señales del paso de la onza en las hojas del suelo, y con el oído pegado a la tierra conocer la dirección que llevaba la manada de peligrosos cerdos salvajes. Nosotros hemos olvidado todo eso. Con el recurso de las ciencias leemos la historia inscrita en las capas de cada ser, pero este conocimiento no ha entrado en los currículos escolares ni se ha transformado en cultura general. Antes bien, se ha vuelto técnica para dominar la naturaleza y acumular.

Fotografías sobre los efectos del calentamiento global de la atmósfera

En el caso de nuestras ciudades serranas es natural que haya lluvias torrenciales en el verano. Siempre pueden ocurrir desmoronamientos de las laderas. Sabemos que ya se ha instalado el calentamiento global que hace estos sucesos más frecuentes y más intensos. Conocemos los valles profundos y los riachuelos que corren por allí. Pero no escuchamos el mensaje que nos envían, que es no construir casas en las laderas, no vivir cerca del río, y preservar celosamente la vegetación de las riberas. El río tiene dos lechos: uno normal, menor, por el cual fluyen las aguas corrientes y otro mayor por donde se vacían las grandes aguas de las lluvias torrenciales. En esta parte no se puede construir ni vivir.

Estamos pagando un alto precio por nuestro descuido y por la destrucción de la Mata Atlántica que equilibraba el régimen de lluvias. Lo que se impone ahora es escuchar a la naturaleza y hacer obras preventivas que respeten el modo de ser de cada ladera, de cada valle y de cada río.

Sólo controlamos la naturaleza en la medida en que la obedecemos, sabemos escuchar sus mensajes y leer sus señales. En caso contrario tendremos que contar con tragedias fatales evitables.

http://www.otromundoesposible.com/?p=5701

I want…

Publicado: enero 12, 2011 en Cambio climático

inspira, espira

Publicado: enero 12, 2011 en Cambio climático

condenados

Publicado: enero 8, 2011 en Cambio climático, Verdugo

Salvar el clima requiere la adopción de políticas que toquen el corazón del actual modelo de producción, distribución y consumo, y no meros retoques cosméticos.

En medio de un cierto desinterés general terminó hace una semana la cumbre de Cancún. Quizá porque su fracaso era previsible los “líderes mundiales” quisieron evitar otro embarazoso fiasco hipermediatizado y optaron por dar al evento un perfil mucho más bajo que su predecesora en Copenhague. No en vano, según la documentación dada a conocer por Wikileaks, el jefe del gabinete del presidente de la Comisión Europea Durão Barroso afirmó que Cancún sería como “Pesadilla en Elm Street II, y ¿quién quiere ver esa película de terror otra vez?”. Razón no le falta.

Si en la grandilocuente cita danesa lo único en que parecieron ponerse de acuerdo los dirigentes de los principales países fue en “la urgente necesidad de no hacer nada” como señaló el sociólogo Michael Löwy, Cancún se ha deslizado por la misma senda. Pero, al rebajar mucho las expectativas iniciales, se ha intentado presentar el acuerdo alcanzado como un gran avance. Sin embargo, éste es en realidad la certificación de una vía muerta cuya única función es, en palabras del experto Daniel Tanuro, “hacer creer que hay piloto en el avión. Pero no hay piloto. O más bien, el único piloto es automático: es la carrera por el beneficio de los grupos capitalistas lanzados a la guerra de la competencia por los mercados mundiales”.

Mucho ruido y pocas nueces es lo que hay detrás, por ejemplo, de propuestas como el Fondo Verde Climático anunciado. A la ambigüedad sobre su origen y su naturaleza, es decir, donaciones o préstamos, se añade el hecho que el Banco Mundial será el encargado de administrarlo. No es precisamente una institución cuya trayectoria invite al optimismo. Otro tanto cabe decir de las reducciones de emisiones de gases a efecto invernadero contempladas, no sólo insuficientes, sino carentes de un mecanismo de verificación adecuado. Tampoco el programa REDD (Reducción de Emisiones por Degradación) es un instrumento eficaz para la protección y reforestación de bosques, sino un proyecto que favorece su privatización.

En Cancún han colisionado dos lógicas antagónicas. De un lado, la del beneficio a corto plazo y el tacticismo electoral permanente, propios del capital y la política gestionaria encarnada por la mayoría de los gobiernos del mundo. Del otro lado, la lógica a largo plazo de la defensa de la humanidad, la vida y el equilibrio con la naturaleza, representado por el movimiento por la justicia climática. Una y otra marcan dos destinos alternativos para la humanidad.

Salvar el clima requiere la adopción de políticas que toquen el corazón del actual modelo de producción, distribución y consumo, y no meros retoques cosméticos. El cambio climático plantea la necesidad de unir el combate por la justicia climática y por la justicia social, y de huir de las falacias del capitalismo verde y del barniz ecológico a las políticas social-liberales. En otras palabras, expone la urgencia de lo que el editor de la Monthly Review John Bellamy Foster llama una “revolución ecológica que necesariamente debe ser también una revolución social”.

La vacuidad del acuerdo alcanzado contrasta con la claridad de la declaración final del Foro por la Justicia Climática. En ella se demanda “una transición justa a un cambio profundo del modelo de producción y consumo” y se revindican medidas como: compromisos de reducciones obligatorias de emisiones de gases de efecto invernadero para estabilizar el aumento global de la temperatura en un máximo de 1.5°C; reparaciones y compensaciones de la deuda y los crímenes climáticos cometidos en los países del Sur; y el fin de las falsas soluciones tecnocráticas y basadas en la economía de mercado, como los mercados de carbono, la energía nuclear y los agrocombustibles o el programa REDD.

La visión a largo plazo de los manifestantes en Cancún contrasta vivamente con el trágico inmediatismo de los dirigentes políticos. Curiosamente, cuando el movimiento “antiglobalización” emergió abruptamente en 1999 en Seattle frente a la Organización Mundial del Comercio, la respuesta del establishment fue denunciarlo como un movimiento incoherente y falto de propuestas. Esta crítica fácil nunca fue verdad. Ideas y medidas no han faltado, como se ha podido comprobar en los múltiples foros sociales realizados. La crisis global mostró ya claramente que si alguien carece de ideas y soluciones, más allá de aferrarse a la conservación del modelo actual y de intensificar sus elementos más destructivos, son los principales gobiernos del mundo. El debate sobre el cambio climático ha puesto aún más negro sobre blanco esta realidad.

El movimiento por la justicia climática tuvo en Copenhague un trampolín perfecto para su lanzamiento y, poco después, avanzó un paso más en la cumbre alternativa de Cochabamba en abril del 2010. Cancún ha sido escenario de movilizaciones que, sin ser particularmente fuertes, son significativas. Pero ello no puede esconder la debilidad y la dispersión de las movilizaciones internacionales el 7 de diciembre, día de acción global, con unas pocas acciones simbólicas en algunas ciudades del mundo.

La toma de conciencia de la gravedad del cambio climático está ya muy extendida. Sin embargo la variable fundamental es su cristalización en organización y acción colectiva siguiendo la estela de las calles de Copenhague, Cochabamba y Cancún, de donde ha vuelto a emerger un mensaje muy claro: para que no cambie el clima, hay que cambiar el sistema.

Artículo de Josep Maria Antentas, profesor de sociología en la UAB, y Esther Vivas, miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales en la UPF.

http://www.canalsolidario.org/noticia/cancun-justicia-climatica-o-capitalismo-verde/25443