Archivos de la categoría ‘Víctima’

Andrés Pérez

Periodista (corresponsal de Público en París)

Sentados frente a la televisión, millones de europeos aplaudieron hace unos días la “buena noticia para la democracia” según el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé que fue el bombardeo del búnker de Laurent Gbagbo y el acceso al poder del presidente electo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara. Sentados frente a sus ordenadores, un puñado de analistas del mercado internacional del cacao piensan que el ganador del conflicto marfileño es otro: se llama Anthony Ward, elegante donante del partido conservador británico y, desde hace poco, número uno mundial de la especulación con el cacao. Por cierto: este Ward también es yerno de Ouattara y en julio pasado anticipó en los mercados, con un golpe de mil millones de dólares contantes y sonantes, la victoria de su suegro gracias a la “comunidad internacional”.

 Los recientes combates de Abiyán, un episodio más del conflicto civil abierto hace una década, han sido la punta visible de un iceberg hecho de montañas y montañas de cacao. Las habas con las que se hace ese polvo marrón llamado chocolate, clave en los desayunos y en las tabletas afrodisiacas del primer mundo, son desde principios del siglo XX el motor de las economías de varios países africanos por obra y gracia del colonizador blanco, que desarrolló esa industria para su beneficio.

En el caso de Costa de Marfil, el control del sector del cacao es clave no sólo para la toma del poder real en el país. Como se trata de entre el 35% y el 40% de la producción mundial, también es clave para la existencia misma de un mercado mundial especulativo que, desde la Bolsa de Londres y de Nueva York, garantiza la fortuna de un puñado de bolsillos. Tras el azúcar y el café, el cacao es la más rentable de las materias primas agrícolas, el nuevo pastel preferido de las bolsas mundiales.

Y ahí es donde Gbagbo perdió la guerra: al intentar descubrir, desde 2000, a quienes controlaban la exportación del cacao de su país, al intentar meter en la cárcel en 2007 a varios empresarios, y al intentar nacionalizar la producción y el comercio a partir de 2009, Gbagbo firmó su propia sentencia de muerte. El resto de crímenes la comunidad internacional se los habría perdonado, como ya está perdonando a Ouattara la matanza de unos 800 civiles en Duekoué (oeste). Pero ese otro crimen, el de intentar apropiarse del cacao marfileño, Gbagbo lo pagará caro.

 

El 14 de julio de 2010, mientras varias personalidades marfileñas aprovechaban las fiestas de la toma de la Bastilla en París, el yerno de Ouattara, a la cabeza de la firma Armajaro, casa de negocio de cacao y fondo especulativo, se quedaba en Londres. Para dictar una orden. Con un clic de ordenador, compró un título sintético, como una subprime del cacao, por valor de 240.000 toneladas de la preciada semilla traída por Hernán Cortés de las Américas.

 Las apuestas del señor Ward
 Anthony Ward y la firma Armajaro se hicieron así con poco más del 8% de la producción mundial que estaba por recoger y del 15% de los stocks existentes, invirtiendo en ello unos mil millones de dólares. Su grupo, que entonces no formaba parte de los líderes mundiales del sector (Cargill, Olam, Touton, ADM, Continaf y Noble), fue visto como un loco intentando un farol de póker, tanto más cuanto que, entonces, se preveía una fuerte cosecha marfileña debida al buen tiempo, con los consiguientes excesos de producción.
 Sólo unos meses después se ha visto la jugada: Ala-ssane Ouattara, el suegro de Ward, considerado victorioso por la comunidad internacional en las elecciones de noviembre de 2010, decretó una prohibición de exportaciones de cacao marfileño.
 La Unión Europea se apresuró a considerar que debía ser garante de la aplicación de la medida decretada e impuso un embargo a los grandes puertos marfileños, especialmente el gigantesco y cacaotero de San Pedro, el mismo por el que circularon con total libertad, desde los años noventa, diamantes y armas para los conflictos liberiano, sierraleonés y el propio marfileño. De inmediato, unas 400.000 toneladas de cacao marfileño recolectado o por recolectar empezaron a amenazar con pudrirse en arbustos, hangares y puertos, víctima del embargo.
 Todos los corredores de Bolsa y prácticamente todas las compañías de producción y transformación. respetaron ese embargo, con la excepción del Grupo Noble
 La tonelada de cacao subió a 3.669 dólares en marzo pasado en las bolsas de Estados Unidos, un máximo histórico de los últimos 32 años. Con ello, se duplicó en valor la inversión efectuada por el yerno del elegido por la “comunidad internacional”. Esos títulos sintéticos, derivados del cacao, han empezado a bajar de nuevo esta semana en los mercados mundiales.
Según el boletín confidencial Africa Intelligence, desde primeros de abril, varias firmas de seguridad industrial investigan, sin duda por cuenta de los amenazados competidores de Armajaro, para intentar determinar si pueden reunir elementos para probar una manipulación de cotizaciones o un delito de iniciados.
 Y no parece que se vaya a producir un gran estallido de la Justicia a la luz pública: según fuentes del sector, en caso de reunir esas pruebas, las firmas lo utilizarían para presionar y recuperar posiciones frente al nuevo poder de Abiyán y Yamasukro.
 En el momento álgido del combate, entre enero y finales de marzo, Gbagbo llegó a amenazar con incautar y nacionalizar los stocks de unas 400.000 toneladas de cacao marfileño que los negociantes internacionales se negaban a exportar por temor a las represalias de la UE. También dijo que, dada la situación, estaba dispuesto a acelerar la creación, prevista desde 2009, de un ente público del cacao, con la potestad de convertirse en el único exportador autorizado, cosa que equivaldría a una nacionalización.
 Gbagbo se acordaba así, tardíamente, de que la prosperidad de Costa de Marfil se debió, en las décadas de 1960, 1970 y 1980, a la existencia de una caja de compensación pública que garantizaba precios estables a los pequeños y medianos productores, ejerciendo de amortiguador entre ellos y los precios internacionales.
Altos cargos en la cárcel
 Gbagbo ya había intentado una primera reforma del sector, que había sido liberalizado en 1989. Tras una investigación judicial iniciada en 2007, varios responsables de las administraciones y las bolsas locales de cacao y de café se encontraban en prisión preventiva, y el plan inicial del presidente caído era abrir este año un espectacular juicio que sirviera como ejemplo, y como base para un nuevo proyecto de estatalización.
 La reorganización del sector, que Gbagbo nunca fue capaz de llevar a cabo de forma correcta, es una aspiración generalizada entre la sociedad civil marfileña. Especialmente desde que se airearon los fenómenos de contrabando generalizado, uno de ellos hacia Burkina Faso, relacionado con la guerra civil desde 2002, y otro hacia Ghana, un país que sí cuenta con su oficina central estatal que es el único exportador autorizado.
 El periodista franco-canadiense Guy André Kieffer, miembro del Sindicato Nacional de Periodistas francés (SNJ-CGT), desapareció el 16 de abril de 2004, en Costa de Marfil, cuando investigaba sobre la corrupción y las estafas en el sector del cacao. Sus investigaciones, inicialmente encargadas por el propio Gbagbo, acabaron molestando tanto a su propio clan como a su rival Alassane Ouattara. Ninguna investigación judicial seria sobre su desaparición ha sido posible y su cuerpo sigue sin ser hallado a causa de la falta de cooperación de los marfileños.
El SNJ-CGT afirmó el pasado martes que “cuando se es capaz de intervenir como lo han hecho los militares franceses para echar a Gbagbo e instalar a Ouattara, resultaría incomprensible que las autoridades judiciales marfileñas pudieran seguir negándose a cooperar con la Justicia francesa” para aclarar el crimen.
Alassane Ouattara, ese mismo día, anunció que las exportaciones de cacao se reanudan “inmediatamente”, pero no habló de investigaciones.


a red de protección social y familiar, el miedo a un futuro aún peor y la individualización de las relaciones laborales aplaca la movilización social

BELÉN CARREÑO MADRID 01/05/2011

Hoy, Primero de Mayo, habrá nubes y chubascos débiles por toda la península, lo que aguará en muchas ciudades las manifestaciones que reivindican esta fecha como principal fiesta del santoral obrero. Pero si hubiera hecho sol, como ocurrió en años anteriores, el buen tiempo hubiera sido la excusa perfecta para que los ciudadanos aprovecharan el puente “¡Que hay pocos!” y huyeran de las urbes a disfrutar de su tiempo libre. Será por culpa de Helios, de Eolo, por Thor o por Tutatis, pero el Primero de Mayo, icono occidental de la lucha de la clase obrera, no logra concitar las adhesiones, al menos físicas, de los que trabajan en precario principal referente de la fiesta ni de los desempleados, ni de los que aspiran a un mercado laboral mejor.

Según los datos que conocimos este mismo viernes, en España hay 4,9 millones de parados. ¿Por qué no hay una revolución? La pregunta se la hacen fuera, sobre todo los que manejan los famosos mercados, pero resuena cada vez más en el mundo académico, sindical y político dentro de España. La huelga general, las protestas contra la reforma de las pensiones, el recorte de los salarios, nada parece suficiente para movilizar al español. De nuevo: ¿Por qué?

El miedo desincentiva

“Precisamente no hay una revolución social porque hay casi cinco millones de parados. La paradoja es que cuando las cosas están mal, están mal incluso para protestar. El miedo desincentiva, no justifica, pero explica la atonía en las relaciones laborales”, arguye Pere Beneyto, profesor de Sociología y Relaciones Laborales en la Universidad de Valencia y colaborador de CCOO.

El eco de los mercados

El miedo a significarse en un momento de fragilidad del mercado de trabajo puede paralizar a una parte de la sociedad, sobre todo a los inmigrantes, opina el filósofo Augusto Klappenbach.

“Es también el miedo a perder el Estado del bienestar”, añade este pensador que también encuentra una especial inercia en la asunción de la crisis por parte de los españoles.

“Hay una percepción de que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera. Es algo como de las leyes de la naturaleza. Han convertido a los mercados en una fuerza trascendente y en esto los españoles son un caso perdido”, concluye.

Para qué

Que las cosas no van a cambiar por ejercer el derecho a manifestarse es una sensación muy extendida entre los que han perdido el puesto de trabajo. Pilar, que se quedó en paro hace algo más de un año de un puesto de administrativa en una empresa ligada al sector de la construcción, lo tiene claro. “No me van a hacer caso. De acuerdo que tengo el derecho al pataleo pero para qué”, explica tajante, a la vez que reconoce su enfado por la situación que está viviendo y por las políticas que ha emprendido el Gobierno, que en su caso no están resultando efectivas.

Sindicatos y políticos

Juan Díez Nicolás, catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense y artífice del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se asombra ante la actual falta de crédito de los ciudadanos hacia las instituciones. “Nunca he visto una situación como la de ahora en términos de pérdida de confianza. Los ciudadanos ya no creen en los sindicatos ni en los partidos políticos. Está claro que creen que no les resuelven sus problemas”, apunta.

Ejemplo de otros países

El fatalismo y la falta de confianza en los que tienen que solucionar los problemas se adornan con la capacidad de observación de los ciudadanos, algo que a los pensadores a veces se les escapa.

Eva, que lleva casi un año en paro, ha aprendido mucho de lo que ha pasado en el resto de Europa. “A otros países que han sido más beligerantes, como Francia o Grecia, los gobiernos no les han hecho ni caso. Para mí ha quedado evidenciado que la manifestación ya no es un arma política”, razona.

Este pragmatismo es el primero que dejará a Eva en casa hoy, que reconoce no siente especialmente enfado por su situación. “No sé contra quién dirigirlo, a quién focalizarlo. Mi sensación es que se estaba dejando ir la economía de las manos hace años…”.

El dilema de la izquierda

A Eva, que estudió sociología, le pesa además otro lastre: su simpatía por la izquierda. “Tampoco puedo volcar mi enfado contra Zapatero porque creo que lo que puede venir luego será peor”.

Que la crisis económica haya azotado a un Ejecutivo de color socialista también ha desempeñado su papel a la hora de desmovilizar a la ciudadanía. La mayoría de los expertos perciben ese temor de la izquierda a manifestarse, porque presagian que lo que les sustituya puede ser horribilis. En este sentido, Fermín Bouza, catedrático de Sociología y Opinión Pública en la Universidad Complutense, cree que “la furia antizapaterista se ha ido reduciendo, porque ha habido una pedagogía para entender la situación. Hay un temor a perder el Estado del bienestar y a que lo que venga será peor. El español es un tipo muy peligroso. Hace procesos de racionalidad”, argumenta.

Lo que parece una parálisis en la movilización de la izquierda, que no le gusta lo que tiene pero vive aterrada con lo que puede venir, se mezcla con la nueva composición de la sociedad moderna que mezcla unos ingredientes hasta ahora poco saboreados: individualismo, despersonalización, falta de identidad de clase, consumismo… Es el paso de la sociedad productiva, del trabajo, a la del consumo. Del nosotros, al yo.

Sin clases sociales

Bouza se retrotrae hasta la Guerra Civil para explicar el cambio de la composición de la sociedad española. “Desde 1936 no hay clases sociales, hay enemigos políticos”, analiza entendiendo que la clasificación de obreros y patrones se ha difuminado, pasando a la dicotomía izquierda o derecha. De aquel pasado al presente más rabioso, Jorge Calero, Catedrátido de Economía Aplicada de la Universidad de Barcelona, ve cómo el foco principal de la sociedad “ya no está en el trabajo, está en el consumo, y esto es aún más palpable entre los jóvenes. En la época de crecimiento, abandonaron los estudios y accedieron a empleos sin cualificación. Por ello no han articulado sus identidades alrededor del mundo del trabajo, la precariedad y la rotación les han hecho desconectar del mundo sindical”, desgrana este experto en educación.

“Se ha roto la homogeneidad del mundo del trabajo que tendía a la unidad como un derecho general. Un todo genérico que unificaba la sociedad. Desde los ochenta, tenemos una fuerte fragmentación de las relaciones laborales porque hay situaciones muy heterogéneas. Es un todos contra todos. Hoy en la manifestación puede haber un profesor o un inmigrante. En realidad, ir a una protesta así se ha vuelto un acto de voluntad solidaria, un gesto cívico, pero es difícil protestar por esa diversidad de derechos”, analiza Luis Alonso, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid y próximo al ámbito de UGT.

Para el ciudadano de a pie, la reflexión es más sencilla. “No voy a las manifestaciones porque no creo en los sindicatos, no me representan”, sintetiza Jacobo, en paro hace ya dos años por su formación orientada a la construcción. Como Jacobo, cuya ideología política no está ligada a la derecha, centenares de desempleados dicen que no protestan porque no quieren respaldar las señas de una pancarta. “Es un síntoma”, ratifica Calero, “pero más allá de la falta de simpatía sindical, lo que sucede es que los jóvenes no tienen una conexión sólida entre su identidad y el puesto de trabajo, lo que les ha llevado a individualizar los problemas. No tienen identidad de clase”.

Irene Ramos, doctora de Ciencias Políticas y Sociología y directora del departamento en la Fundación Ideas, coincide con la visión del individualismo, pero añade la carga cultural a la percepción del sindicalismo en España y a la dificultad añadida de los trabajadores para entender por qué las centrales se han sentado a negociar con el Gobierno determinados ajustes, como las pensiones. “Los sindicatos españoles han entendido que en esta coyuntura es más efectivo sentarse a negociar, te dejas algo pero influyes”, apostilla. Beneytojustifica esta actuación, que ha sido criticada por algunos sectores por la complicidad con medidas antisociales. “La estrategia española de presión-negociación es más efectiva que la que han llevado a cabo los sindicatos griegos y franceses. Ha habido siete convocatorias de huelgas generales en Francia y no han servido para nada”, resume con pragmatismo este profesor.

Redes de protección

Los más jóvenes suman el problema de escasa educación política, la comodidad de contar con la red familiar. Casi 900.000 parados uno de cada seis es menor de 25 años, una franja de edad que en España se asume como un periodo natural dentro del hogar familiar. “La juventud absorbe parte del dolor mediante el apoyo de las familias. La familiarización de la sociedad actúa como apoyo a sectores de la población que están sufriendo enormemente las políticas que se desarrollan”, desgrana el catedrático de Políticas Públicas de la Pompeu Fabra, Vicenç Navarro.

Navarro ahonda en otros elementos de protección social como dique de contención. “Un porcentaje muy elevado de desempleados todavía recibe el seguro de de-sempleo, lo cual actúa como un cojín. La situación se va a convertir en más tensa cuando esta ayuda se reduzca o desaparezca”. Por su parte, Bouza invoca también uno de los tótems de la tradición económica española, el empleo sumergido, como parapeto del descontento social.

Los expertos apelan también al pensamiento único en los medios para resaltar que las protestas que emergen tampoco encuentran su reflejo. Navarro recuerda que las movilizaciones en Catalunya contra los ajustes en la sanidad apenas han tenido repercusión mediática.

En definitiva, hoy, Primero de Mayo, la borrasca de la sociedad moderna amenaza con apagar los rescoldos de la lucha del movimiento obrero.

http://www.publico.es/espana/373738/por-que-no-se-produce-un-estallido-social

El 17 de mayo de 1980 el PCP Sendero Luminoso comenzó un incendio quemando las actas electorales de un pueblito de Ayacucho. Su objetivo era encender la llama de la revolución. Una «chispa en la pradera» que terminaría incendiando todo Perú.

«Rupay», en quechua, es el ardor, el calor, el fuego. Este Rupay son algunas historias de la violencia política que asoló Perú durante más de una década. Historias sacadas de esa Comisión de la Verdad y Reconciliación que en 2001 intentó rescatar la memoria de las víctimas del brutal enfretamiento entre Sendero Luminoso y el ejército y gobierno peruano.
Más de 69.000 fueron las víctimas. 69.000 personas desaparecidas, ejecutadas, torturadas… La mayoría campesinos quechuahablantes, senderistas o soldados… pero siempre integrantes de las capas «inferiores», subalernas, populares…
Ni los políticos ni la Iglesia reconocieron sus responsabilidades por una espiral de violencia que prendió sobre el pasto de la desigualdad, la impunidad y la injusticia.
Este cómic intenta recuperar parte de la memoria popular de aquel momento trágico y bárbaro que los vencedores no han dejado de reescribir. Porque como dijera el filósofo de las Iluminaciones «tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer»…

http://www.casadellibro.com/libro-rupay-historias-de-la-violencia/1621151/2900001354201

Perú protesta

Publicado: abril 12, 2011 en Víctima

El exmilitar Ollanta Humala deberá disputar la presidencia con Keiko Fujimori en segunda vuelta

El electorado no ha decidido nada en la primera vuelta de las presidenciales peruanas, pero se le entiende todo. Ollanta Humala, el exmilitar y líder de los desheredados -un tercio de la población vive bajo el umbral de pobreza- ha ganado aupándose hasta el 30% de sufragios, lo que, junto a los otros resultados, nos dice mucho sobre el país. Keiko Fujimori, la hija de Alberto Fujimori -el expresidente que cumple 25 años de condena por gravísimas violaciones de los derechos humanos- se coloca para disputarle la presidencia, y el tercero, que se queda fuera, es el empresario y antiguo primer ministro, Pedro Pablo Kuczynski. El expresidente Alejandro Toledo y el que fue alcalde de Lima, Luis Castañeda, que hace unas semanas parecían las mejores apuestas, han quedado también en la cuneta.

Pese a que Perú ha crecido en los últimos años por encima del 6%, el voto constituye toda una desautorización del sistema. Humala ha hecho los deberes electorales y ha sido aconsejado por asesores del expresidente brasileño Lula, y aunque ha suprimido el vocerío bolivariano que consintió en 2006, cuando fue derrotado por el hoy presidente saliente Alan García, sigue siendo para la derecha un candidato antisistema. Keiko Fujimori, por su parte, es tan conservadora como el que más, pero se beneficia del recuerdo de la política asistencialista de su padre, así como de la derrota que infligió al terrorismo de Sendero Luminoso. Y eso la califica, a su vez, con el brumoso adjetivo de populista. Los demás, incluyendo al APRA de Alan García, que ni siquiera presentaba candidato, han recibido en grado diverso un non sastisfecit del electorado, que parecía decir: crecimiento, sí, pero más dignamente repartido, por favor.

Todo ello se debe a una extrema fragmentación del voto, en el que no caben segundas preferencias. Se vota al que se vota y se aborrece al que no. Eso es lo que deja las espadas relativamente en alto. Bajo una óptica estándar los siete u ocho puntos de ventaja de Humala sobre la hija de Fujimori, deberían bastar para darle la victoria. Pero ya en las anteriores presidenciales, el candidato izquierdista había ganado en primera vuelta y hubo zafarrancho general para cortarle el paso, suerte que le cupo al señor García. ¿Se repetirá el caso? Entre Fujimori y el exmilitar hay alguna coincidencia de franjas votantes: los agraviados sin ideología. Y eso aún dificulta más todo pronóstico.

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Peru/protesta/elpepuopi/20110412elpepiopi_2/Tes

 

 

La pobreza se ha reducido con Alan García, pero no las diferencias regionales

“El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”. La frase, que se ha atribuido al naturalista italiano del siglo XIX Antonio Raimondi cuando al parecer es un dicho popular de más larga data, representa el sentimiento que ha dominado la campaña de las presidenciales. La frustración popular ante la enorme desigualdad en la distribución de la riqueza ha sido el combustible que ha impulsado al nacionalista Ollanta Humala y la populista Keiko Fujimori en las encuestas. Y es que a pesar de que el país ha crecido en torno al 7% anual durante los últimos cinco años, un récord en América Latina, a unos pocos kilómetros de Lima mucha gente carece de agua potable, come solo lo que cultiva y defeca en agujeros en la tierra.

“Si hasta el Banco Mundial nos ha dicho que debemos hacer reformas para que el crecimiento económico también beneficie a los más pobres… Se da cuenta, el Banco Mundial diciéndonos que debemos tener política social”, dice el analista político Sinesio López, exprofesor de Humala y amigo del candidato, quien a pesar de apoyar al exmilitar, no oculta que le preocupa un poco su ramalazo autoritario. Hace apenas dos semanas, el Banco Mundial instó al futuro Gobierno peruano a desarrollar políticas públicas que trasladen la riqueza a los sectores menos favorecidos. Es por la falta de estas medidas que el presidente Alan García deja el poder con la popularidad por los suelos pese al recorte de la pobreza.

Aunque el nivel de pobreza a escala nacional, el porcentaje de personas situadas bajo el umbral de la pobreza, ha bajado del 48,6% al 34,3% entre 2004 y 2009, las diferencias regionales son brutales. Mientras en las zonas urbanas la pobreza está por debajo de la media, en las rurales supera con creces el índice. Esta brecha se nota mucho en la educación, donde el fracaso escolar del niño que va a la escuela en el campo está prácticamente garantizado. El caso de la salud es igualmente escandaloso: mientras en regiones andinas como Apurímac, Puno y Cuzco hay dos médicos por cada 10.000 habitantes, en Lima hay 28. Todo esto explica por qué Perú ocupa el puesto 13 de 17 países latinoamericanos en el índice de la ONU que mide la igualdad de oportunidades.

El reciente conflicto minero en la localidad arequipeña de Islay se coló en la campaña para recordar a los dirigentes peruanos que no todo el mundo percibe la bonanza del sector estrella de la economía. Tras 17 días de protesta y tres muertos, el Gobierno canceló una explotación minera como exigían los agricultores de la zona, que temían que la contaminación medioambiental convirtiera sus tierras en un erial. Aunque los Gobiernos regionales y locales reciben un 50% de los impuestos que pagan las empresas mineras al Estado, la falta de proyectos de inversión o el despilfarro acentúan el rechazo de la población en muchas zonas del país hacia la minería.

La región de Cuzco, por ejemplo, que recibe casi mil millones de dólares al año en concesiones mineras, tiene un índice de subdesarrollo apabullante. Para muchos expertos, antes de aumentar los impuestos a las empresas mineras —tema que se debatió en la campaña—, hay que atajar el problema de la canalización de la renta. En Perú hay una enorme fragmentación de competencias entre las diferentes autoridades —nacionales, regionales, locales— y un sistema de asignación de los recursos sometido al chovinismo de los dirigentes políticos. Y aunque ha habido varios intentos de integración regional para aumentar la eficiencia administrativa y de los recursos, todos quedaron truncos.

Lima, a pesar de su riqueza, sirve como muestra de la dispersión política: aparte de un alcalde mayor, cada uno de los 42 distritos de la capital tiene su propio alcalde, sus propios consejeros, presupuestos e impuestos, su sistema de recogida de basuras, y decide sus normas urbanísticas. Todo eso en una ciudad de ocho millones de habitantes que incluye El Callao, que es otra provincia con sus propias normas.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/desigualdad/social/dispara/pese/exito/economia/peruana/elpepuint/20110411elpepiint_2/Tes

 

 

Por: Ramón Lobo

África necesita desgracias grandes para lograr titulares pequeños. Si el ataque de la guerrilla de Sierra Leona -en enero de 1999 contra Freetown; más de 7.000 muertos en tres semanas- no pudo desbancar al vestido manchado de una becaria del presidente Bill Clinton, pocas posibilidades tiene hoy Costa de Marfil, más de cinco meses en el alambre, cientos de muertos y decenas de miles de desplazados.

No han servido de mucho las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU -la última del 30 de marzo- ni el envío de cascos azules (africanos, eso sí) ni los embargos ni las amenazas. Nada sirve cuando no existe una voluntad política creíble de aplicar lo decidido. Son las fake decision, de las que tanto abundan.

El presidente que perdió la segunda vuelta de las elecciones del 28 de noviembre, Laurent Gbagbo, se ha negado a traspasar el poder al ganador reconocido, Alassane Ouattara, y en ese bloqueo se encuentra el país, coqueteando con la guerra civil, si es que no cayó en ella de nuevo. Costa de Marfil se ha visto desplazada informativamente por tres catástrofes simultáneas: el terremoto-tsunami-accidente nuclear de Japón, la guerra civil en Libia y el habitual desinterés occidental hacia África. Hay silencios que podrían ser crímenes de guerra.

Costa de marfil
Sin periodistas de la CNN no hay noticia. / AFP.

El conflicto no es étnico -aunque abundan los elementos que podrían generar uno que afectaría a Liberia y Sierra Leona-. Es un conflicto económico, que en la pobreza también brotan los intereses, a menudo espurios, como los nuestros.

Un tercio de la población es de origen extranjero: proceden de Burkina Faso, Malí, Benín y Ghana. Son los que acudieron en busca de empleo en las plantaciones de cacao, o sus hijos, o sus nietos. Viven en el centro y norte del país y son en su mayoría musulmanes. Todo fue más o menos bien hasta que el segundo presidente tras la independencia, Henri Konan Bédié, se inventó la identidad marfilense, la ivorité. El objetivo era separar a los verdaderos costamarfilenses, cristianos y animistas del sur, de los inmigrantes.

Para conocer más: La verdadera democracia es comer tres veces al día.

Tras la guerra civil y los acuerdos de paz de Ouagadougou, en marzo de 2007, se inició un complejo proceso político que se quebró en noviembre de 2010 con las elecciones presidenciales. Es la consecuencia de entender la democracia como la expresión del voto y no el voto como consecuencia de una democracia.

Ya no hay proceso de paz. Se han reabierto las cicatrices, si es que alguna vez estuvieron cerradas. Gobierne quien gobierne tendrá problemas para pacificar el país. Para alcanzar la paz es necesario invertir en la paz. Occidente, la ONU, las agencias humanitarias y las ONG en general no invierten lo suficiente durante suficiente tiempo. Un ejemplo: el Tribunal Especial de la ONU para Sierra Leona. Los países donantes no donaron. Sin justicia no puede haber paz, solo silencio en espera de otra guerra, de cobrarse la venganza.

Las tropas que le son leales a Gbagbo, las del sur animista y cristiano, han cometido graves delitos contra los seguidores de Ouattara en Abdidyán: escuadrones de la muerte, desapariciones, asesinatos. Ante la inacción de la llamada comunidad internacional, ocupada en los asuntos Libia, las fuerzas rebeldes que apoyan a Ouattara y dominan el norte han decidido avanzar y tomar el poder por la fuerza. Ya han conquistado Yamaoussoukro, la capital política, y dominan San Pedro, el principal puerto del pais, esencial para las exportaciones de cacao. El avance rebelde recuerda al realizado por Frente Patrótico Ruandés en la primavera de 1994 cuando entró en Kigali para poner fin al genocidio tutsi. En Abiyán aún no hay un genocidio, pero sí crímenes contra la humanidad. 

Costa

ISSOUF SANOGO.  (AFP / GETTY IMAGES).

Occidente interviene pero no modifica nada, solo el decorado, su decorado. Deja las injusticias, las desigualdades, el odio, el hambre y la pobreza. No busca motores que ayuden a arrancar un verdadero cambio, aunque sea a largo plazo y no rente en las elecciones. Uno de esos mototes son las mujeres.

El problema que lleva a EEUU y Europa, y a Rusia y a los imperios, a equivocarse es la ausencia de una segunda voz. El mundo que hemos creado se transmite a través de la voz de los poderosos, de los ganadores. Un solo relato empobrece, limita. Ya he colgado este vídeo; una joya, la intervención de Chimamanda Adichie en TED, pero ahora adquiere nuevos significados: Túnez, Egipto, Libia, Costa de Marfil. Incluso Japón. Todo a través de una sola lente que nos devuelve la realidad que deseamos ver, no la que es.

http://blogs.elpais.com/aguas-internacionales/2011/03/los-civiles-que-no-salen-en-la-televisi%C3%B3n.html

petroleo vs disparo

Publicado: marzo 30, 2011 en CONFLICTOS BÉLICOS, Víctima

http://www.pablopino.com/

Por: Autor invitado

CHRIS JOCHNICK es un abogado que ha pasado media vida peleando por un sector privado que respete los derechos ambientales y sociales del planeta. En la entrada hoy nos comenta la victoria multimillonaria de las comunidades de la selva ecuatoriana afectadas por Texaco-Chevron, una de las grandes multinacionales petroleras. La sentencia procede de un juzgado ecuatoriano y no es definitiva, pero, sea cual sea el resultado final, todos hemos aprendido importantes lecciones con este caso.

Uno de los muchos vertederos abiertos por Texaco en la Amazonía. Foto de Coco Laso/Oxfam America

Como cualquier otra historia de David contra Goliat, sería difícil igualar la lucha que se produjo en la Amazonía ecuatoriana entre un puñado de comunidades pobres y marginales y Texaco-Chevron, una de las compañías más poderosas del mundo. Lo llamativo es que estas comunidades acaban de ganar hace pocas semanas un caso récord de 8.600 millones de dólares contra la compañía. El asunto está lejos de haber quedado cerrado (Chevron peleará “hasta que se congele el infierno, y entonces patinaremos sobre el hielo”, de acuerdo con las declaraciones de su antiguo abogado jefe), así que merece la pena hacer algunas consideraciones.

Viajé por primera vez a la región en 1993, como parte de un equipo de abogados en busca de demandantes para una quijotesca inciativa contra Texaco. En aquel momento, esta compañía acababa de abandonar Ecuador tras haber dejado abiertas 900 fosas de residuos repartidas a lo largo de la selva, además de unos 70 millones de metros cúbicos de desechos tóxicos vertidos en ríos y acuíferos de la zona a lo largo de 25 años. La compañía, cuyos ingresos anuales triplican el PNB de Ecuador, había obtenido carta blanca para abrir el Amazonas sin contraer ninguna obligación con el medioambiente o la población local.

No tuvimos demasiados problemas en encontrar demandantes. La gente estaba rodeada por vertidos y contaminación que supuraban abiertamente sobre sus únicas fuentes de agua. Aproximadamente 30.000 personas habían sido afectadas por las operaciones de Texaco (uno de los grupos indígenas desapareció). Cuando la compañía terminó sus operaciones, simplemente se esfumó del mapa.

Más allá del ruido de fondo y de los apaños legales, debería haber pocas dudas sobre la culpabilidad de Texaco (y ahora de Chevron). Sí, la compañía petrolera estatal ha causado desde entonces más daños a la zona; y sí, la multinacional retornó e hizo algunos arreglos menores, que consistieron básicamente en llenar una porción de las fosas contaminadas. Pero nada de esto absuelve a la empresa de los devastadores daños medioambientales y del coste para las comunidades.

La responsabilidad legal es un asunto diferente. Chevron-Texaco ha llegado muy lejos para desestimar los cargos, de modo que la demanda inicial fue procreando procedimientos en más de una docena de juzgados. A pesar de la esperanzadora decisión del juez ecuatoriano, es posible que las demandas no lleguen a prosperar nunca. El caso refleja un patrón mucho más extendido de impunidad empresarial. Mientras las compañías se esfuerzan más que nunca por buscar materias primas y mercados en las esquinas más remotas del mundo, encuentran escasa resistencia en unos gobiernos y sistemas judiciales sobrecargados, faltos de recursos y a menudo corruptos. De hecho, este caso es una anomalía por la atención que ha recibido, cuando solo una mínima fracción de las 80.000 empresas multinacionales que operan en el mundo se ven sujetas a demandas legales de cierta importancia

Esto no significa que la vía judicial sea irrelevante. Incluso cuando se pierden, los casos pueden tener una importancia capital, pero siempre dentro de una estrategia más amplia. La demanda contra Texaco generó una incipiente movilización local e inyectó una energía y atención pública que resultaron determinantes en la involucración de comunidades, ONG y movimientos sociales (indígenas, medioambientales, religiosos). Juntos formaron alrededor de este caso una red –el Frente de Defensa de la Amazonía– que aún hoy constituye un importante actor local y nacional en el debate petrolero. Gracias a la atención mediática, ministros y parlamentarios visitaron la zona e impulsaron legislaciones para gobernar a la industria del petróleo. El caso puso en guardia a otras grandes compañías hasta el punto de que era habitual escuchar a sus representantes “nosotros no somos Texaco”. Cuando el asunto pasó de los tribunales estadounidenses a los ecuatorianos, estos se vieron forzados a realizar importantes reformas en los sistemas locales y nacionales de justicia para poder hacer frente a una demanda de esta naturaleza.

El caso de Chevron-Texaco demuestra todo lo que puede dar de sí la colaboración entre movimientos sociales, ONG y especialistas legales. Pero ofrece también otra lección fundamental: la necesidad de enfoques sistémicos. Texaco destruyó la selva con sus carreteras, sus pozos y sus vertidos, pero eso ocurrió porque el Gobierno ecuatoriano, la débil legislación, la justicia inoperante, la cómplice compañía estatal y la presión del Gobierno de los EEUU se lo permitieron. Cualquier solución sostenible a la destrucción del Amazonas exige atender a cada uno de estos actores como parte de un sistema más amplio. Eso solo subraya la importancia de fortalecer a los actores locales de la sociedad civil, de construir presión y alianzas en el ámbito internacional y de utilizar las nuevas herramientas de comunicación para vincular estos esfuerzos. También de consolidar nuevos instrumentos legales capaces de alcanzar a todos los actores relevantes más allá de las fronteras, tal como ha propuesto Naciones Unidas en un nuevo marco sobre la actividad empresarial y los derechos humanos.

http://blogs.elpais.com/3500-millones/2011/03/condena-millonaria-a-texaco-por-fin-gana-el-amazonas.html

Por: Gonzalo Fanjul

FRAN EQUIZA suele bromear diciendo que tiene “uno de los trabajos más complicados del mundo” y, la verdad, yo creo que no exagera. Como responsable de Oxfam Gran Bretaña para África central y oriental, coordina desde Nairobi (Kenia) un equipo de miles de trabajadores en algunos de los frentes más difíciles del planeta, como la RD del Congo, el Cuerno de África, Chad o Sudán. En la entrada de hoy nos acerca de un modo muy personal a la experiencia de uno de los muchos campos africanos en donde sobreviven más de 10 millones de refugiados y asilados.

Refugiados

¿Y tú? ¿Cuándo llegaste aquí?

Le pregunté aún con la lengua pastosa del calor abrasador. Estábamos un campo de refugiados como otros muchos que había visto en casi cada rincón de África oriental. Era como una ciudad, con sus avenidas principales y sus calles secundarias; las viviendas, en vez de casas, tiendas de campaña, a cada lado de la calle. Allí los lavaderos, en el otro lado la zona para la distribución bimensual de comida, las fuentes con sus hileras de 10 grifos para recoger agua y los baños con la zona de hombres y la de mujeres. En la otra parte el centro de salud.

Nunca, respondió. Yo nací aquí, como todas mis hermanas, como todos mis hermanos, y como algunos de sus hijos.

Yo acaba de llegar. Íbamos a hablar con el comité delegado que representaba a aquella ciudad literalmente en medio de la nada. El comité es la voz de los moradores, recoge sus reivindicaciones, sus quejas, resuelve disputas menores, pelea por sus derechos en nombre de todos. Y lo hace ante una pléyade de agencias de Naciones Unidas y ONG que se afanan en hacer que el lugar sea digno y que sus moradores puedan ejercer sus derechos básicos.

Fueron mis padres quienes vinieron aquí. Tuvieron que huir. Cada noche había raids [incursiones] en su aldea. Les robaban los alimentos y los animales, a veces también mataban a alguien o reclutaban de manera forzosa a los más jóvenes para su ejército. No tenían comida, pero sobre todo temían por sus vidas. El gobierno de nuestro país no podía, o no quería, hacer nada por ellos, así que con sus padres y sus cosas vinieron aquí.

La misma historia que había oído tantas veces, daba igual quien la contara. El campo era su hogar, donde vivía, y en el que gracias al trabajo y coordinación de muchas organizaciones, contaba con lo básico para vivir, con muchos derechos recortados (una persona refugiada no puede trabajar fuera del campo y ganar un sueldo, por ejemplo) y en un país que era tan pobre como el que habían abandonado sus padres y que aún así lo estaba acogiendo desde que nació.

Vi cómo un grupo de mujeres jóvenes cruzaba los bordes y se alejaba. Iban fuera a por leña para cocinar pero cada vez tenían que ir más lejos, exponiéndose a un posible asalto. Nos lo había dicho la ONG que gestionaba aquello; últimamente la seguridad se había deteriorado y se estaba trabajando con la policía para mejorarla.

Un día nos dejarán volver. Mi país tendrá paz y podremos hacer la vida que merecemos. Igual me voy a donde tú vienes, a Europa. He oído que ahora alguna gente de Libia o de Túnez esta yendo para salvarse, seguro que vosotros les ayudáis como este país hace conmigo. Sois mucho más ricos, seguro que sois más generosos…

Ya en el auto escuché por la radio a políticos y paisanos de la vieja Europa protestando por la llegada de aquellos desharrapados a los que no se les había perdido nada en sus costas y a los que tenían no sólo el derecho sino el deber moral de devolver a sus países de origen, pues con la crisis no hay manera de hacer frente a semejante coste.

Volví la vista una vez más, otra vez más, para comprobar como sus ojos esperanzados seguían clavados en mí, y, escuchando la radio, tuve que bajar los míos avergonzado.

http://blogs.elpais.com/3500-millones/

Solalinde denunció el secuestro de varias decenas de centroamericanos que viajaban, como de costumbre, en el techo de ‘La Bestia’, el tren de carga en el que cruzan de sur a norte el territorio mexicano : ‘Nunca había estado tan cerca de la muerte’,

En el techo de “la Bestia”

Los emigrantes viajan en el tren de carga que cruza México en dirección norte. “Recemos para que Los Zetas, los maras y los policías corruptos dejen de verles a ustedes como una mercancía”, dice el padre Solalinde a los pocos emigrantes que escuchan su sermón de misa del Gallo en Ixtepec. “Pidámosle a Jesús –continúa- que las corporaciones policiales, el Instituto Nacional de Migración y los altos funcionarios ya no actúen en el pecado o la omisión ante operativos de secuestro de emigrantes como el que se organizó desde aquí y dejó a 40 o 50 hermanos en la oscuridad”.

Ixtepec es una pequeña ciudad sin ley, de apenas 23.000 habitantes, que condensa la dimensión más cruel y aterradora de la impunidad en México. Feudo del crimen organizado, nudo de mafias que se buscan y se encuentran donde el Estado y sus instituciones se cortocircuitan. En este lugar, a poco más de 300 kilómetros de la frontera con Guatemala, también se cruzan los caminos de los emigrantes irregulares que llegan por miles desde América Central y del Sur en su tránsito hacia Estados Unidos.

Esta Nochebuena son poco más de cincuenta los que bajo la uralita de la capilla sin muros escuchan los dardos del sermón del padre Alejandro Solalinde, fundador del refugio que les da techo, ropa, comida, atención médica y, sobre todo, un espacio a salvo de las bandas que amenazan su vida sin tregua.

La concurrencia es rala porque hay miedo. Más que de costumbre. En la puerta del albergue, seis policías municipales armados con fusiles de asalto están de guardia desde hace ocho días, cuando Solalinde denunció el secuestro de varias decenas de centroamericanos que viajaban, como de costumbre, en el techo de La Bestia, el tren de carga en el que cruzan de sur a norte el territorio mexicano y que a su paso por Ixtepec hace cimbrar las pobres construcciones de ladrillo gris del albergue.

Según el testimonio de los pocos hombres que lograron escapar, unos quince sujetos enmascarados, con machetes y armas de fuego, detuvieron la locomotora y se llevaron al grupo de indocumentados que hasta el momento siguen en paradero desconocido. La denuncia del sacerdote, que se precia de contar con una red de informantes “tan buena como la de los delincuentes”, disparó todas las alarmas y puso en guardia a los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala, que en un inédito comunicado conjunto de protesta pidieron el esclarecimiento inmediato del caso: sólo habían pasado cuatro meses desde el hallazgo en el estado de Tamaulipas de una fosa con los cadáveres de 72 ciudadanos de Centro y Sudamérica capturados en otra acción criminal. Nada inusual fue, sin embargo, la reacción a la defensiva de las autoridades mexicanas, que primero negaron tener evidencias del hecho y luego admitieron estar investigándolo.

Tampoco fue nueva la carga de amenazas contra Solalinde, a quien el Gobierno ha dejado prácticamente solo. “Es cierto que nunca había estado tan cerca de la muerte como ahora, pero la intimidación no es nueva. Han intentado lincharme, quemar el refugio; me han dicho que me iban a meter una bala en la frente, que me iban a mandar al hospital. Ellos están acostumbrados a paralizar a la gente con el miedo, pero yo no tengo miedo”, asegura este capellán de 65 años y casi tres décadas de trabajo pastoral en el estado de Oaxaca, que ha asumido el peso de la denuncia de una trama negra en la que actúan conjuntamente el cártel de Los Zetas, las maras (pandillas asesinas) de Centroamérica y las corporaciones policiales locales.

Los que sí están aterrados son Fidel, de 23 años, su mujer, Sandy, de 18, embarazada de tres meses, y su hijito Marcos, de dos años, que está recuperándose de un cuadro severo de deshidratación. Llegaron de Guatemala, “huyendo de la miseria, la extorsión y la violencia de Los Zetas y aquí nos encontramos con que matan y secuestran. No sé qué vamos a hacer”, dice él con la voz quebrada. Los demás escuchan en silencio.

Salvar el miedo y denunciar

La tensión no cede ni con las últimas palabras de la homilía: “Ni Obama, ni Salma Hayek están generando tanta atención en los medios como ustedes los emigrantes”, dice Solalinde, que pide de nuevo a la concurrencia sentada en las sillas de plástico “salvar el miedo y denunciar; porque explicar los hechos representa, igual que Jesús, la luz”.

“Campana sobre campaaana y sobre campana uuna…”, canta la parroquia, pese a que Belén queda tan lejos como el sueño americano para estos hombres, mujeres y niños que se dan la paz, tratando de no pensar en lo larga y peligrosa que puede ser la noche. “Desde hace cinco años, cuando abrimos el albergue, nunca tuvimos una Navidad normal. Las hemos pasado todas dando de comer a los emigrantes en las vías o en el ministerio público poniendo denuncias contra policías que se dedican a extorsionarles”, explica Armando Vilchis.

Los petardos no dejan de estallar en las casas vecinas, pero aquí recuerdan demasiado al sonido de las balas. La música tropical arranca en un altavoz cercano y Celia Cruz aconseja desde el más allá: “No hay que llorar, que la vida es un carnaval…”. En el comedor aparecen los pasteles, el vino y los refrescos. Los niños emigrantes tratan de romper a garrotazos las piñatas de colores rellenas de dulces y sorpresas. Al final, es William, un salvadoreño que perdió dos dedos de la mano en las vías, quien reparte suerte. “Dale, dale, dale, no pierdas el tino…”; cantan las mujeres. Y justo cuando la angustia afloja, la triste realidad aparece vestida de uniforme azul o de paisano con esposas colgadas al cinto. Los temidos policías judiciales y agentes municipales aparecen en el albergue, pasada la medianoche, buscando a un salvadoreño acusado de asesinato. Tras peinar el lugar, desaparecen.

“Todo el mundo a dormir y que esta noche nadie salga a la calle”, ordena el padre Solalinde, con una sonrisa. “Esta vez sí hemos tenido una buena Navidad”.
Autor: Elisabet Sabartés- Fecha: 2011-02-24 

En el techo de “la Bestia”

Los emigrantes viajan en el tren de carga que cruza México en dirección norte. “Recemos para que Los Zetas, los maras y los policías corruptos dejen de verles a ustedes como una mercancía”, dice el padre Solalinde a los pocos emigrantes que escuchan su sermón de misa del Gallo en Ixtepec. “Pidámosle a Jesús –continúa- que las corporaciones policiales, el Instituto Nacional de Migración y los altos funcionarios ya no actúen en el pecado o la omisión ante operativos de secuestro de emigrantes como el que se organizó desde aquí y dejó a 40 o 50 hermanos en la oscuridad”.

Ixtepec es una pequeña ciudad sin ley, de apenas 23.000 habitantes, que condensa la dimensión más cruel y aterradora de la impunidad en México. Feudo del crimen organizado, nudo de mafias que se buscan y se encuentran donde el Estado y sus instituciones se cortocircuitan. En este lugar, a poco más de 300 kilómetros de la frontera con Guatemala, también se cruzan los caminos de los emigrantes irregulares que llegan por miles desde América Central y del Sur en su tránsito hacia Estados Unidos.

Esta Nochebuena son poco más de cincuenta los que bajo la uralita de la capilla sin muros escuchan los dardos del sermón del padre Alejandro Solalinde, fundador del refugio que les da techo, ropa, comida, atención médica y, sobre todo, un espacio a salvo de las bandas que amenazan su vida sin tregua.

La concurrencia es rala porque hay miedo. Más que de costumbre. En la puerta del albergue, seis policías municipales armados con fusiles de asalto están de guardia desde hace ocho días, cuando Solalinde denunció el secuestro de varias decenas de centroamericanos que viajaban, como de costumbre, en el techo de La Bestia, el tren de carga en el que cruzan de sur a norte el territorio mexicano y que a su paso por Ixtepec hace cimbrar las pobres construcciones de ladrillo gris del albergue.

Según el testimonio de los pocos hombres que lograron escapar, unos quince sujetos enmascarados, con machetes y armas de fuego, detuvieron la locomotora y se llevaron al grupo de indocumentados que hasta el momento siguen en paradero desconocido. La denuncia del sacerdote, que se precia de contar con una red de informantes “tan buena como la de los delincuentes”, disparó todas las alarmas y puso en guardia a los gobiernos de El Salvador, Honduras y Guatemala, que en un inédito comunicado conjunto de protesta pidieron el esclarecimiento inmediato del caso: sólo habían pasado cuatro meses desde el hallazgo en el estado de Tamaulipas de una fosa con los cadáveres de 72 ciudadanos de Centro y Sudamérica capturados en otra acción criminal. Nada inusual fue, sin embargo, la reacción a la defensiva de las autoridades mexicanas, que primero negaron tener evidencias del hecho y luego admitieron estar investigándolo.

Tampoco fue nueva la carga de amenazas contra Solalinde, a quien el Gobierno ha dejado prácticamente solo. “Es cierto que nunca había estado tan cerca de la muerte como ahora, pero la intimidación no es nueva. Han intentado lincharme, quemar el refugio; me han dicho que me iban a meter una bala en la frente, que me iban a mandar al hospital. Ellos están acostumbrados a paralizar a la gente con el miedo, pero yo no tengo miedo”, asegura este capellán de 65 años y casi tres décadas de trabajo pastoral en el estado de Oaxaca, que ha asumido el peso de la denuncia de una trama negra en la que actúan conjuntamente el cártel de Los Zetas, las maras (pandillas asesinas) de Centroamérica y las corporaciones policiales locales.

Los que sí están aterrados son Fidel, de 23 años, su mujer, Sandy, de 18, embarazada de tres meses, y su hijito Marcos, de dos años, que está recuperándose de un cuadro severo de deshidratación. Llegaron de Guatemala, “huyendo de la miseria, la extorsión y la violencia de Los Zetas y aquí nos encontramos con que matan y secuestran. No sé qué vamos a hacer”, dice él con la voz quebrada. Los demás escuchan en silencio.

Salvar el miedo y denunciar

La tensión no cede ni con las últimas palabras de la homilía: “Ni Obama, ni Salma Hayek están generando tanta atención en los medios como ustedes los emigrantes”, dice Solalinde, que pide de nuevo a la concurrencia sentada en las sillas de plástico “salvar el miedo y denunciar; porque explicar los hechos representa, igual que Jesús, la luz”.

“Campana sobre campaaana y sobre campana uuna…”, canta la parroquia, pese a que Belén queda tan lejos como el sueño americano para estos hombres, mujeres y niños que se dan la paz, tratando de no pensar en lo larga y peligrosa que puede ser la noche. “Desde hace cinco años, cuando abrimos el albergue, nunca tuvimos una Navidad normal. Las hemos pasado todas dando de comer a los emigrantes en las vías o en el ministerio público poniendo denuncias contra policías que se dedican a extorsionarles”, explica Armando Vilchis.

Los petardos no dejan de estallar en las casas vecinas, pero aquí recuerdan demasiado al sonido de las balas. La música tropical arranca en un altavoz cercano y Celia Cruz aconseja desde el más allá: “No hay que llorar, que la vida es un carnaval…”. En el comedor aparecen los pasteles, el vino y los refrescos. Los niños emigrantes tratan de romper a garrotazos las piñatas de colores rellenas de dulces y sorpresas. Al final, es William, un salvadoreño que perdió dos dedos de la mano en las vías, quien reparte suerte. “Dale, dale, dale, no pierdas el tino…”; cantan las mujeres. Y justo cuando la angustia afloja, la triste realidad aparece vestida de uniforme azul o de paisano con esposas colgadas al cinto. Los temidos policías judiciales y agentes municipales aparecen en el albergue, pasada la medianoche, buscando a un salvadoreño acusado de asesinato. Tras peinar el lugar, desaparecen.

“Todo el mundo a dormir y que esta noche nadie salga a la calle”, ordena el padre Solalinde, con una sonrisa. “Esta vez sí hemos tenido una buena Navidad”.

Autor: Elisabet Sabartés- Fecha: 2011-02-24

http://www.solidaridad.net/noticias.php?not=6566