Las armas no son una cultura

Publicado: diciembre 22, 2012 en INCIDENCIA POLÍTICA

Por: José Ignacio Torreblanca | 21 de diciembre de 2012

Guns
La matanza de Newtown ha vuelto a poner sobre la mesa la existencia de una “cultura” de armas en Estados Unidos. Segúngunpolicy.org en EEUU hay 270 millones de armas en manos de civiles, un dato que sitúa la tasa de posesión de armas en el 88.8% de la población. Uno de cada tres hogares tiene un arma, según Gallup. ¿El resultado? 12.000 muertes al año por armas de fuego, incluyendo suicidios y homicidios. Da igual el ránking, si la palabra armas está en él, EEUU es el primero.

Eso lleva a la gente a decir que en Estados Unidos hay una cultura de armas y, sobre todo, a los partidarios de ellas, a utilizar ese argumento para frenar cualquier prohibición. Joe Noccera (MADD about guns) ofrece un ejemplo interesante: desde que el 3 de mayo de 1980 un conductor borracho matara a una chica de  13 años, las restricciones al alcohol al volante se han ido extendiendo por Estados Unidos y, posteriormente, por todo el mundo. ¿Había una cultura de alcohol al volante? No lo sabemos. Pero sí que los  hábitos pueden ser cambiados.

Como señala el New York Times en su editorial (The Gun Challenge, 19 de diciembre de 2012), en 1996, tras una matanza en la que murieron 36 personas, el gobierno australiano introdujo unas severas normas para limitar la posesión de armas. Esas normas funcionaron y han reducido los homicidios por armas de fuego en un 59%  eliminado por completo las matanzas con armas semi-automáticas. Y lo mismo puede decirse de Japón o el Reino Unido. Todas las experiencias demuestran que la reducción en el número de armas puede ser introducida y que, además  es efectiva.

En definitiva, la  palabra “cultura” es demasiado gruesa, y tramposa. La suelen utilizar los que quieren justificar las resistencias al cambio. Si EEUU ha acabado con la discriminación racial o España ha logrado aprobar el matrimonio homosexual, eso quiere decir que las culturas no son programas genéticos inamovibles sino hábitos que se pueden cambiar con una mezcla de incentivos, sanciones, legislación y políticas adecuadas.

http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2012/12/las-armas-no-son-una-cultura.html

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