Rushdie, Charlie Hebdo y el derecho a ser conflictivo

Publicado: septiembre 20, 2012 en REFLEXIONES

Por: Javier Valenzuela | 19 de septiembre de 2012

Portada EPS Salman RushdieA Salman Rushdie le sigue funcionando bien la cabeza pese a la pesadilla en la que vive desde que, un día de febrero de 1989, el ayatolá Jomeini le condenara a muerte en una infame y famosa fatwa. En unas declaraciones a NBC,recogidas en EL PAÍS por Walter Oppemheimer, el escritor afirma: “Uno de los problemas de defender la libertad de expresión es que a menudo tienes que defender a gente que, en última instancia, encuentras ofensiva, desagradable y asquerosa”.

Rushdie alude de esta guisa a los autores de La inocencia de los musulmanes, el vídeo sobre Mahoma que ha provocado violentísimas reacciones de esos hooligans del islam suní fundamentalista que son los salafistas. A Rushdie ese bodrio no solo no le gusta nada, sino que, además, lo considera “provocador” y “malintencionado”.

Pero esto es lo que tiene la libertad de expresión; si uno cree en ella, debe  vivir de acuerdo con aquella vieja máxima: “No me gustan tus ideas, pero daría mi vida para que puedas expresarlas”. O se es liberal en el buen viejo sentido de la palabra, o sea, partidario de la libertad en todos los aspectos de la vida individual y colectiva, o se es otra cosa (por ejemplo, eso que está de moda en la derecha contemporánea, lo de, como Esperanza Aguirre, ser ultraliberal en lo económico -defensa a ultranza del capitalismo- y mazo rancio en lo político, social, mediático, cultural y moral).

Algo tan antiguo, tan medieval, tan bíblico -y del Antiguo Testamento- como la blasfemia, no puede ser considerado delito en ningún país que se pretenda mínimamente civilizado y democrático. Otra cosa es que determinados dardos a tal o cual religión sean de mal o dudoso gusto. La inocencia de los musulmanes es de muy mal gusto, pero hay que ser muy bestia para usarlo como pretexto para matar a gente.

     Los versos satánicosla novela por la que Jomeini condenó a muerte a Rushdie, no pertenece en absoluto a la categoría de obras denigratorias de una religión y sus creyentes. Al contrario, el pobre Rushdie, nacido en una familia musulmana de Mumbai (India), creía hacer con esa obra una aportación a la espiritualidad islámica. Pero, probablemente sin leerla, que es como nacen estas campañas de estigmatización, Jomeini y los suyos se rasgaron las vestiduras por el hecho de que Rushdie incorporara como personaje de su novela al profeta Mahoma.

Charlie-Hebdo     Una más que milenaria tradición musulmana establece que Mahoma (cuyo nombre estaría mejor transcrito al castellano como Muhamad) no puede ser representado de ninguna manera (si aparece en alguna obra figurativa es, siempre, con el rostro cubierto por un velo), y mucho menos satirizado, ridiculizado o, ya no digamos, mancillado.

En la era de la información global, cuando todo el mundo sabe de inmediato lo que hacen los demás, este tabú se ha convertido en explosivo. Recuérdese la violencia que desataron en sectores fundamentalistas musulmanes las caricaturas del profeta publicadas en un periódico danés. Y síganse ahora los disturbios y asesinatos que está provocando el filme sobre Mahoma.

Por eso, las autoridades francesas no las tienen todas consigo ante la decisión del semanario satírico Charlie Hebdo de publicar hoy unas caricaturas de Mahoma. Pese a las súplicas de su Gobierno para que no se arrojara más leña al fuego, los directivos de Charlie Hebdo han tirado para adelante invocando la libertad de expresión. Y tienen razón: no hay ningún motivo en una sociedad democrática para que no pueda abordarse de modo humorístico tal o cual personaje considerado sagrado por una u otra religión. Si se acepta en esta materia algún tipo de autocensura, podemos terminar regresando a tiempos inquisitoriales (que es, por cierto, lo que desean algunos en todas y cada una de las religiones del Libro).

Caricatura-Mahoma-Charlie-HebdoEn todo caso, las caricaturas de Mahoma no van en la portada de Charlie Hebdo. Ésta representa a un judío ultraortodoxo que lleva a un musulmán en silla de ruedas, una alusión explícita al divertido filme francés Intouchables. Las imagenes de Mahoma salen en el interior y abordadas con un humor relativamente “blanco” para lo habitual en esa publicación: en una aparece lloroso por su participación en una “película lamentable” y en otra, eso sí, con la espalda completamente desnuda mientras es filmado.  Nada, en todo caso, por lo que quepa desencadenar un apocalíptico llanto y crujir de dientes.

Las autoridades francesas se temen, sin embargo, lo peor, y hacen bien dados los antecedentes de los salafistas suníes y los jomeinistas chiíes. Embajadas, consulados y liceos franceses en países árabes y musulmanes han sido colocados en estado de máxima alerta, según informa Miguel Mora desde París.

Mal que les pese a los adictos a las teorías conspirativas, las coincidencias existen. Y lo es que el regreso a la actualidad de Salman Rushdie se produzca cuando hay liada una gorda con la película sobre Mahoma y lo que puede venir con la caricatura de Charlie Hebdo. Rushdie, con el que EL PAÍS SEMANAL publicará el domingo una amplia entrevista, acaba de sacar sus memorias de los nueve años en que, tras la fatwa de Jomeini, tuvo que vivir clandestinamente y bajo la protección de los servicios de seguridad británicos (el escritor tiene esa nacionalidad).

Joseph_Anton_RushdieEl libro se llama Joseph Anton. Cuando empezaron a protegerle, los servicios de seguridad le pidieron que escogiera un seudónimo para ocultar su identidad. Él optó por éste: Joseph por Joseph Conrad y Anton por Anton Chejov, dos de sus autores favoritos.

Lo más fascinante y terrible de estas memorias es cómo Rushdie tuvo que arrostrar una vida secreta bajo amparo oficial semejante a la de los testigos protegidos que declaran contra la Mafia: cambios constantes de domicilio; movimientos furtivos, siempre rodeado de gigantes armados; maniobras para despistar a eventuales seguidores; reuniones a escondidas con su hijo; entrada en cines cuando las luces ya se han apagado y salida antes de que vuelvan a encenderse…

Rushdie cuenta cómo comenzó deseando poder explicarles a esa mayoría de buena gente que practica el islam que su libro, Los Versos Satánicos, no era lo que sus detractores fundamentalistas decían que era, pero que, al final, arrojó la toalla. Entonces, comprendió una cosa esencial: que los gobernantes de los países democráticos estaban obligados a “defender su derecho a ser conflictivo (troublemaker)”.  Tenía, tiene razón.

 

http://blogs.elpais.com/cronica-negra/2012/09/rushdie-charlie-hebdo-y-el-derecho-a-ser-conflictivo.html

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s