Destaparse los ojos

Publicado: septiembre 5, 2012 en OPINIÓN

Miércoles, 5 de septiembre de 2012. Tags: , , ,

Ahora que se ha decidido que «Conga no va» –por el momento–, las opiniones respecto a la contribución de la minería para el desarrollo del país, a la ineficiencia de los gobiernos locales, la mala inversión de estos en el sector salud y educación, no se han hecho esperar.

Vayamos por partes, para poder entender mejor el problema.

La situación actual de la educación en el Perú es un problema multicausal, que se explica por: las actuales políticas educativas; por la baja capacitación de algunos profesores; por las precarias condiciones que el Estado le brinda tanto a los profesores como a los alumnos en zonas rurales o urbano-marginales; entre tantos otros problemas. Por eso, según la Evaluación Censal de Estudiantes 2011 del INEI, en las escuelas multigrado tan solo el 7,6% de los alumnos de segundo de primaria comprende lo que lee. Si tomamos como referencia las escuelas en zonas rurales, el porcentaje se reduce a 5,8. Si pensamos que triplicando las contribuciones de la minería, se podría duplicar el gasto en educación y por lo tanto estar más cerca de ser un país «desarrollado», estamos cayendo inevitablemente en un simplismo algo trasnochado.

Algunas cifras sobre la minería: en el 2010 aportó el 5,25 del PBI nacional; a diciembre del 2011 representa 24% de la Inversión Extranjera Directa (IED) y el 60% de las exportaciones; en el 2011 su participación relativa respecto al total de tributos es de 17,5%, y si nos focalizamos en el Impuesto a la Renta, fue de  33,3%. El total de trabajadores ocupados en minería, tanto de los titulares mineros, como contratistas, representa aproximadamente el 1% de la PEA nacional.

Algunos ven la promoción de la minería responsable como un «atajo» para obtener recursos a fin de alcanzar las inversiones necesarias para invertir en educación e infraestructura, y por lo tanto «romper el círculo vicioso».

Hay más que un indicio de que la minería no ha resultado ser beneficiosa para impulsar el desarrollo en los departamentos con mayor presencia de esta actividad (p.ej. Cajamarca, Ancash, Junín, etc.). De Echave y Torres (2005) realizaron una regresión econométrica donde se apreció que la correlación del PBI minero con variables como el Índice de Desarrollo Humano, la esperanza de vida al nacer, los años promedio de estudio o tasa de alfabetismo es negativa. Esto quiere decir que a mayor preponderancia de la actividad minera, menor era el desarrollo, explicado por las variables mencionadas.

Otro asomo: según el documento «Desnutrición crónica infantil cero en 2016» las regiones mineras encabezan ranking de desnutrición crónica infantil en el Perú. Las regiones con mayor nivel de desnutrición crónica infantil son las mismas: Huancavelica (46,4 por ciento), Cajamarca (29,9 por ciento), Huánuco (28,8 por ciento), Apurímac (31,3 por ciento) y Ayacucho (28,1 por ciento).

Analicemos la resonante «ineficiencia de los gobiernos locales». Hasta agosto del presente año, el gobierno nacional ejecutó solo el 30.9%, los gobiernos locales, el 34.6% y los gobiernos regionales, el 36.5%.  Cuatro ministerios han ejecutado tan solo entre el 20 y 30% de su presupuesto. Vemos entonces que la ineficiencia es un problema nacional, y que empieza por el gobierno central.

Dado que el debate en torno a las industrias extractivas se suele dar alrededor de indicadores económicos, es necesario considerar los costos que ocasionan las actividades mineras en el ambiente. En el estudio de Herrera y Millones (2011) se calculó el costo económico de la contaminación ambiental minera sobre los recursos hídricos para los años 2009-2009, a partir del marco conceptual de la Eficiencia Medioambiental. Los resultados indicaron que dichos costos fueron de US$ 814,7 millones en el 2008, y US$448,8 millones en el 2009.

Queda claro que la minería, si bien es una actividad económica importante considerando algunos indicadores económicos como el porcentaje de exportaciones o la IED, tan solo emplea aproximadamente al 1% de la PEA. Por otro lado, la actividad minera no ha demostrado promover el desarrollo humano en los departamentos donde opera –los resultados indican lo contrario–, y no suele considerar el costo económico de la contaminación ambiental, que no es nada despreciable.

Es necesario que las actividades extractivas se enmarquen en una visión más integral respecto al desarrollo sostenible, con políticas socio-ambientales que prioricen al ser humano, al mismo tiempo que al entorno en el cual este habita, que sabemos, es de vital importancia para el bienestar del mismo.

http://www.coherencia.pe/articulos/destaparse-los-ojos

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