Ryzsard Kapucinsky: el periodismo que nunca volverá

Publicado: agosto 3, 2012 en Libros

A pesar de que John le Carré le llamaba “el enviado de Dios”, Ryzsard Kapucinsky tan solo era un hombre. Eso sí, comprometido con su profesión y con el mundo que le tocó vivir. Este periodista recorrió el mundo radiografiando sus miserias y exponiendo a la luz conflictos presentes y futuros en América, Asia y África. En plena crisis del periodismo Kapucinsky sigue siendo un referente al que muchos miran con la nostalgia de lo que nunca volverá.

En enero de 2007 Ryzsard Kapucinsky moría tras una operación al corazón. Atrás quedaban 50 años de profesión en los que recorrió  cien países como testigo incómodo de guerras, golpes de estado y revoluciones en Asia, Europa y América Latina, así como del proceso de descolonización africano durante las décadas de los 60 y los 70. De hecho durante los tres primeros meses de la independencia de Angola fue el único corresponsal fue el único corresponsal extranjero en el país. Miembro de una estirpe en vías de extinción, este polaco universal dijo del periodismo que era un oficio para el cual “los cínicos no servían” y que su trabajo no consistía en “pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”. Colaborador habitual de medios como la revista Time, The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung, fue de los primeros en darse cuenta de que “cuando se descubrió que la información era un negicio, la verdad dejó de ser importante”. Este licenciado en Historia reconvertido a periodista sucumbió también ante los encantos de la poesía y de la fotografía. Veamos algunos de sus libros más significativos.

África y la decandencia de la URSS

Ébano (1998): crónica de sus 30 años de vivencias en África, desde el levantamiento en el Congo al genocidio de Ruanda. Fruto de su peculiar estilo, que le llevó a no conformarse con los estereotipos o la crónica cómodamente enviada desde el hotel, Kapucinsky, jugándose el tipo y la salud, se adentra en los barrios más humildes, en las zonas más conflictivas, hurgando en la vida de las personas que hay detrás de un conflicto. Gracias a su formación como historiador ofrece además antecedentes históricos que sirven para contextualizar y comprender mejor los acontecimientos.

El imperio (2002): a finales de los 80 la antigua URSS daba los primeros síntomas de su posterior derrumbe cuando Kapucinski decidió invertir dos años de su vida –de 1989 a 1991- para plasmar la caída del gigante. Visitó quince repúblicas y habló con cientos de ciudadanos, comparando sus vivencias con las suyas propias en Polonia, uno de los satélites de Moscú. Un “libro de viaje” por la URSS en pleno proceso de desmembramiento.

La guerra del fútbol y otros reportajes (1992): recopilación de reportajes publicados desde 1960 a 1976 que abarcan desde los inicios de la independencia africana hasta la guerra etíope-somalí del Ogadén, pasando por diversos conflictos y situaciones africanas como el golpe de Estado en Argelia, la guerra greco-turcochipriota y los enfrentamientos en Honduras y El Salvador por un “partido entre selecciones”. Un libro que demuestra la interpretación realista de lo que sucede en los países empobrecidos y las responsabilidades que en ello tienen los países desarrollados.

El emperador (1978): a través de infinidad de entrevistas realizadas a funcionarios y miembros del status quo -como la persona encargada de llevar la silla del rey cada vez que este se iba de visita- Kapucinsky nos describe un régimen sanguinario que pervivió en Etiopía durante medio siglo bajo la mano de hierro de un excéntrico personaje Haile Selassie, un “rey de reyes” que se consideraba a sí mismo descendiente del rey Salomón. Un microuniverso surrealista donde el “generoso” monarca, tras un opíparo banquete, lanzaba las sobras desde el balcón real a una muchedumbre hambrienta que las recibía con desesperación. En 1974 un golpe de estado de sus propios funcionarios apeó a “el león de Judá” del trono.

El sha o la desmesura del poder (1982): Kapucinsky escribe este libro para acercarse a lo sucedido en Irán entre el derrocamiento de Mossadegh y la revolución de 1979 usando como pivote histórico los treinta años de Reza Phalevi en el poder y su apoyo por parte de Estados Unidos. Muchas de las claves para entender el Irán actual, su “antioccidentalismo”, el poder de los ayatolas e incluso su interés en la energía nuclear se desprenden de estas páginas. “El sha creó un sistema que sólo era capaz de defenderse y totalmente incapaz de satisfacer las necesidades de su pueblo. Esta fue su mayor debilidad y la auténtica causa de su fracaso final. La base psicológica de semejante sistema no era otra que el desprecio que sentía el monarca por su propio pueblo y el convencimiento de que siempre se podía engañar a súbditos ignorantes prometiéndoles muchas cosas. Pero hay un proverbio iraní que dice: las promesas sólo tienen valor para quienes creen en ellas” afirma el periodista en las páginas finales del libro.

Revoluciones y la descolonización de Angola

Cristo con un fusil al hombro (1975): partiendo de la figura histórica de Ernesto “Che” Guevara y de un cuadro pintado por el argentino Carlos Alonso sobre un Cristo con un fusil al hombro, Kapucinsky rinde homenaje a los “jóvenes rebeldes” de los países del Sur que se desangraban en las garras de regímenes genocidas de Oriente Medio, África y América Latina. El análisis de estos personajes le llevó al periodista a hacerse la siguiente pregunta: “¿Sabemos a quién definirá la historia como terrorista y a quién como combatiente?”. La controversia está servida, ya que Kapuscinski está del lado de los protagonistas de sus relatos. Incluso cuando pregunta a unos combatientes palestinos por qué organizan acciones armadas en las que mueren civiles, “comprende” sus razones.

Un día más con vida (1976): el 11 de septiembre de 1975 comienza la Revolución de los Claveles en Portugal, poniendo fin a su colonialismo e iniciando el proceso de emancipación de Angola. Tres meses antes Kapucinski ya estaba –fue el único corresponsal extranjero- en Luanda, cercada por el FNLA, y asistiendo al “éxodo blanco” de portugueses que abandonaban el país africano. Haciendo caso omiso al sentido común el periodista decide quedarse hasta el final y recorrer la ciudad desierta en cuyos frentes se libraba una guerra por el control del futuro estado. Y así lo vivió él. “…la imagen de la guerra es intransferible. No se puede transmitir ni con la pluma ni con la voz ni con la cámara. La guerra es una realidad sólo para aquellos que están apresados en su interior sangriento, sucio y repugnante. Para otros no es sino una página en un libro o una imágenes en una pantalla; nada más”. El propio autor reconoció que este es su libro favorito, quizás porque supone el comienzo de todo.

El mundo de hoy (2004): basándose en su experiencia –como él dice “escribo de lo “viajado”. No soy un “inventor”. No hablo de mundos imaginarios ni tampoco del mío propio. Describo el mundo real, el que está ahí, tal como lo he visto”- Kapucinski reflexiona sobre el mundo y su situación actual: África, América Latina, Asia, Europa, su Polonia natal y un especial análisis del Islam desfilan bajo su atenta y respetuosa mirada en un esfuerzo por comprender los acontecimientos más relevantes del siglo XX. El epílogo del libro recoge las declaraciones del autor tras el 11M.

Desde África (2001): fruto de su otra gran pasión, la fotografía, nace este libro, una rareza dentro de la obra de Kapucinski. Las imágenes, tomadas a lo largo y ancho de sus múltiples viajes, dejan constancia de un continente hermoso, heterogéneo, que compone un “riquísimo cosmos en sí mismo” y donde la belleza, la dignidad y la grandeza también son posibles en África.

Toda la obra de Kapucinsky está salpicada de reflexiones sobre cómo el totalitarismo se instala en una sociedad, cómo se lleva a esta a una guerra o cómo la información “nos hace libres” –o no-. »Sería muy interesante que alguien investigara en qué medida los sistemas mundiales de comunicación de masas trabajan al servicio de la información y hasta qué punto al servicio del silencio. ¿Qué abunda más: lo que se dice o lo que se calla?. Se puede calcular con facilidad el número de personas que trabajan para la publicidad. ¿Y si se calculase el número de personas que trabajan para que las cosas se mantengan en silencio? ¿Cuál de las dos cifras sería mayor?» (Cristo con un fusil al hombro, 1975)

http://www.icelebz.com/quotes/ryszard_kapuscinski/

http://www.memorablequotations.com/kapuscinski.htm

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comentarios
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