Brasil incomoda a sus vecinos: las complejidades de (querer) ser líder

Publicado: junio 1, 2012 en OPINIÓN

En su primer año y medio en el poder Rousseff ha seguido las líneas de la diplomacia de Lula, basadas en la búsqueda de una mayor cooperación Sur-Sur, pero marcando su propio estilo, más pragmático y reservado, que no ha gustado a algunos vecinos. La presidenta, a diferencia de Lula, no es muy fan de los discursos, de las visitas oficiales ni de los abrazos con sus homólogos latinoamericanos. Con ella ha bajado el ritmo de la agenda de viajes al exterior (si se sumaran todos los viajes que Lula hizo, hubiera pasado en el extranjero casi un año de los ocho que duró su mandato). Por citar algunos ejemplos, Rousseff no ha participado en los dos últimos Foros Económicos Mundiales de Davos a diferencia de Lula quien no se perdió ni un encuentro. Quizá Rousseff ya no necesite mostrar al mundo de las finanzas y de las grandes empresas mundiales que Brasil ha cambiado en materia económica. Otra ausencia notable tuvo lugar en la Cumbre Iberoamericana del pasado octubre, gesto que Paraguay, país anfitrión, recibió como un menosprecio sobre todo viniendo de uno de sus socios en el Mercado Común del Sur (Mercosur).

La pugna por el liderazgo en América Latina

Venezuela:

La Presidenta brasileña ha  puesto fin a los encuentros trimestrales que mantenía su antecesor con el presidente venezolano Hugo Chávez. Uno de sus pocos encuentros tuvo lugar con ocasión de la cumbre fundacional de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), proyecto impulsado por Caracas que aspira a una mayor y mejor integración independiente de América Latina y el Caribe, y al que Brasil se ha sumado sin reparos, pero sin entusiasmo. Bajo el mandato de Chávez también surgió la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el proyecto de integración que persigue la consecución de un bloque de poder suramericano. Estos proyectos políticos con los que Chávez gana influencia,  compiten, por ejemplo, con el proyecto brasileño Unión de Naciones Suramericanas, Unasur. Se trata de un combate desigual al que Chávez llega con sus petrodólares pero con una política exterior polarizante, mientras que Brasil cuenta con apoyo y reconocimiento internacional, aunque con las dificultades que supone no querer invertir en el liderazgo regional.

El trato amistoso y personal que Lula tenía con el eje bolivariano deja paso al pragmatismo;  Bolivia y Ecuador no sólo no han encontrado hueco en la agenda de Rousseff sino que, además, han perdido también un canal directo de comunicación con el gobierno brasileño ya que Dilma ha prescindido de la figura de Ministro de Exteriores con los vecinos latinoamericanos que existía en el anterior gobierno.

Argentina:

Aunque tradicionalmente el rival de Brasil en la región ha sido Argentina,  su peso se vio reducido desde la crisis financiera que sufrió a principios de la década del 2000. Durante los años noventa y principios de 2000 ni Buenos Aires ni Brasilia coincidieron en sus respectivas estrategias económicas; Brasil tenía un proyecto de liderazgo regional, mientras que Argentina priorizó su inserción en el mercado de capitales (de la mano de Estados Unidos). El cambio vino con la llegada al poder de Néstor Kirchner (2003-2007), que, junto con Lula y su objetivo de reforzar el Mercosur, permitió que Argentina ganara peso estratégico para Brasil y ambos convinieron en que Mercosur sería el eje de todas las negociaciones. Sin embargo, desde Argentina se percibía (y se percibe) que Brasil utilizaba al Mercosur como plataforma de poder y como instrumento de su política mundial ya que ha llevado a cabo iniciativas independientes que han ocasionado tensiones comerciales. Una percepción similar tienen los argentinos respecto a Unasur.

Parece que la tendencia que se instala en el Brasil de Dilma pasa por la integración regional, pero reafirmando un lugar preponderante (y merecido) de Brasil conforme al tamaño de su economía, de su población y de sus aspiraciones. Es, en esta línea, por lo que se espera que el gigante amazónico retome la política de rearme y modernización de las Fuerzas Armadas que experimentó un parón derivado de la crisis económica y financiera actual. Esta acumulación de poder militar, las actuaciones individuales y el hecho de ser una de las mayores economías del Cono Sur (con un crecimiento del PIB de un 7,5 % en 2010 aunque de un 2,7 % en 2011) están en la base de la preocupación de sus vecinos y genera dudas en cuanto a su disposición a pagar los costes de la integración económica.

Brasil: actor geopolítico

En la ONU:

Este año será decisivo para la diplomacia brasileña, ya que el país será anfitrión de la cumbre de Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible Río+20. Rousseff presentará a un Brasil en posición de liderazgo regional y con aspiraciones de afianzarse como uno de los principales actores internacionales con legítimo derecho a un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Esta aspiración brasileña, que empezó con Cardoso y que continuó con Lula y ahora con Dilma Rouseff, ha generado recelos y desconfianzas entre sus vecinos; provocando, por ejemplo, que el gobierno argentino reaccionara duramente calificando de “elitista y poco democrática” la posición brasileña de incorporar nuevos miembros permanentes. Cabe recordar que en 2005 Brasil rechazó la alternativa de la rotación propuesta por Argentina y México y declaró que “en el Consejo los países asumen posiciones nacionales por las que deben responder”. Todavía hoy estos países piensan que “ningún país debe pensar que merece el derecho eterno a pertenecer al Consejo de Seguridad”.

En el G20, la OMC, los BRIC y el foro trilateral IBSA:

Los éxitos que ha cosechado el G-20 y Brasil en la Organización Mundial del Comercio (OMC) colocan a éste en una posición más favorable en el plano internacional. Sin embargo, alguna de sus actuaciones en estos marcos ha generado controversias dentro de Suramérica, como la disputa por la Secretaría General de la OMC en 2005 entre Brasil y Uruguay o cuando, en la Ronda de Doha, las siete potencias comerciales (Estados Unidos, UE, Japón, China, India, Brasil y Australia) excluyeron a los demás de la fase final de negociación, gesto que molestó especialmente a Argentina.

Brasil se desmarca de nuevo de la región al formar parte de los BRIC (por la siglas de los países que lo forman: Brasil, Rusia, India y China; y que conjuntamente acumulan el 20 % del PIB mundial, controlan el 25 % del territorio, concentran al 40 % de la población y representan casi el 30 % del comercio mundial) y del Foro Trilateral IBSA, formado por India, Brasil y Sudáfrica y creado en 2003 con el objetivo de promover la cooperación en comercio, inversión y diplomacia económica entre sus miembros.

Acercamiento a EEUU y China/Distanciamiento de Irán:

Siguiendo en la misma línea se podrían inscribir los nuevos acercamientos para mejorar las relaciones diplomáticas y económicas  con Estados Unidos y China, dos de las potencias más reticentes a las reformas en la ONU y, a la vez, los mayores socios comerciales de Brasil (las exportaciones brasileñas a China se han cuadruplicado desde 2007 y el gigante asiático se ha convertido en el mayor cliente y en uno de los principales inversores en el país). Además, y dado que la relación entre Lula y Obama no fue especialmente buena, Dilma ha querido dar un guiño a Washington al nombrar como Ministro de Exteriores a Antonio Patriota, anterior embajador en Estados Unidos. Rousseff se distanció de Irán, en un viraje diplomático respecto a la política de su predecesor y “amigo” de Ahmadineyad en plena crisis diplomática con los países occidentales a causa de su programa nuclear, lo que puede interpretarse como otro guiño a Obama.

¿Sufre Brasil doble personalidad?

En referencia a las limitaciones regionales, aunque el gobierno argentino no demuestra entusiasmo por el proyecto brasileño y en ocasiones trata de impedir el consolidación del desequilibrio bilateral, Argentina abandonó sus aspiraciones de líder internacional y deja la competición regional a Chávez, quien, a causa de su estado actual y de su discurso “extremista”, no tiene por qué suponer un límite al liderazgo regional y global de Brasil.

Las dificultades que atraviesa la integración regional en Suramérica tienen, entre otros ingredientes, falta de mecanismos en la coordinación productiva y arbitrariedad en la aplicación de las normas comerciales. Todo ello salteado con una fuertes dosis de nacionalismo y una concepción tradicional de la soberanía, donde la reticencia por parte de las naciones a cualquier cesión de soberanía en aras de algún ordenamiento jurídico supranacional rige en los procesos de integración.

Brasil apuesta por el multilateralismo creando coaliciones y teniendo una posición proactiva en las instituciones internacionales, lo que ha empujado a algunos vecinos a dudar de sus deseos “hegemónicos”. Esta por ver si estas aspiraciones ayudarán a romper el equilibrio que Lula se había empeñado en construir con el resto de países del Cono Sur.

http://www.unitedexplanations.org/2012/06/01/brasil-incomoda-a-sus-vecinos-las-complejidades-de-querer-ser-lider/

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