“Comer, dormir, pensar”: 15 días en el CIE de Málaga

Publicado: marzo 15, 2012 en MIGRACIONES

"Comer, dormir, pensar": 15 días en el CIE de Málaga

Por: Málaga Acoge el 14/03/12

Tiempo estimado de lectura : 6 minutos

Mamadou y Jimmi son dos de las últimas personas que han pasado por el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Málaga. La comunidad senegalesa de Torre del Mar, donde vivían, denuncia sentirse perseguida: En el último lustro, una docena de compatriotas residentes allí han sido deportados.

 La foto es de Málaga Acoge

Mamadou es alto y atlético. Senegalés, tiene 25 años. Y le gusta, y mucho, el baloncesto. Hasta hace unos días entrenaba a diario porque quería ser profesional. “Ése era su sueño”, cuenta su amigo Ahmeth, también de Senegal. Se machacaba sobre la pista día tras día, pero también sabía que no podía olvidar otras formas de ganarse la vida. Por si acaso. Por eso, se preocupó de aprender el castellano en diversos cursos de español y de formarse en aspecto como la alfabetización informática o la prevención de riesgos laborales; e incluso obtuvo un certificado de cuidador. Formación que le sirvió para que le llegara una oferta de trabajo con la que podía terminar de arreglar su situación administrativa. Entonces, la vida le dio un duro golpe. La persona que iba a cuidar falleció, y el contrato se esfumó. De una tacada, desaparecieron sus opciones de regularización y su sueño baloncestístico: Sin documentación en regla no podía pisar la pista en partidos oficiales.

Mamadou llegó con un visado a España en 2009, y comenzó a vivir con parte de su familia, establecida ya en Torre del Mar. Su documento caducó pero él quiso quedarse, así que se dedicó a jugar al baloncesto y mejorar su currículum para encontrar empleo. “Se presentó, aquí, nos contó sus ganas de mejorar y empezó un Itinerario Personalizado de Inserción”, cuenta Patricia Herrera, técnica del departamento de Laboral de Málaga Acoge, que destaca el buen trabajo del senegalés. “Se apuntaba a todo, siempre quería mejorar”, afirma. Pero un día, la Policía le pidió la documentación y le retiró el pasaporte. Mamadou quedó así indocumentado y, hace un mes, el cuerpo de seguridad se cruzó de nuevo en su camino. “Iba por la calle, lo pararon y se lo llevaron a Capuchinos”, cuenta Ahmet. Capuchinos no es otro sitio que el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Málaga, donde permaneció 15 días hasta que lo deportaron a Senegal la semana pasada.

“Somos gente pacífica”

Ahmet sabe bien lo que es Capuchinos, porque una docena de sus amigos han pasado ya por allí. “Es algo que ocurre con mucha frecuencia. En los cinco años que llevo aquí se han llevado a muchos de mis amigos al CIE”, cuenta Ahmet. Algo que enfada, y mucho, a Abdou Thioune, guía de la comunidad senegalesa de Torre del Mar, formada por un centenar de personas. “Somos gente pacífica, venimos a ganarnos la vida. Todos lo hacemos de forma honrada y la mayor parte del dinero se queda aquí. Pero, aun así, estamos muy perseguidos”, dice muy serio Abdou, que lleva doce años en España.

Él tiene una larga experiencia en España, donde lleva más de una década. Ha vivido en Vigo, Tenerife, Fuerteventura y, desde hace cuatro años, en Torre del Mar, donde ejerce de gran hermano de la comunidad de Senegal. “Esta es la única ciudad a la que nuestros amigos nunca quieren venir: Siempre les hacen bajar del autobús al llegar a la estación y les piden los papeles. Sólo por su raza, por ser diferentes. Ellos han oído ya demasiadas historias y no quieren venir”, afirma Abdou. “La gente debe saber lo que nos pasa. Necesitamos que la situación se normalice, que no nos persigan como hasta ahora”, añade el senegalés.

Un error

“También tenemos miedo a salir de noche porque siempre nos para la Policía”, relata Ahmet. Quizás fue ese el error que cometió su compatriota Jimmi, también de 25 años. Viajaba en un coche desde Nerja hasta Torre del Mar cuando la Guardia Civil detuvo el vehículo. Iba con otras personas, pero el único que no llevaba documentación encima era él. Le citaron al día siguiente en Comisaría, de donde nunca salió. Días después, llegó al CIE de Málaga, donde lleva algo más de cinco semanas encerrado. “Lo está pasando muy mal. Y tenemos mucho miedo de lo que pueda pasar”, cuenta Nicole, de 22 años, nacida en Chile y que viajó a España con 16 años para estudiar. Es la pareja de Jimmi desde hace cuatro años y lo conoce bien: “El tema emocional le está desgastando mucho ahí dentro”, asegura.

Sólo hace falta mirar a los ojos a Jimmi para entender las palabras de su novia. Oscuros, cargados, cansados. No derrotados, pero casi. Charlar un rato con este senegalés en la pequeña habitación para las visitas en el CIE (presidida por una gran cámara de vigilancia) sirve para comprender su agonía dentro del centro. Asustado por convivir con gente que no conoce, por haber visto cosas “que es mejor no contar” o por sufrir el estado de un centro en muy malas condiciones, dice estar “muy cansado, sin ganas de mucho”. Andalucía Acoge y Málaga Acoge han denunciado en reiteradas ocasiones las deficiencias de este centro de internamiento, la última vez en el informe CIEs, derechos vulnerados, realizado por la red Migreurop en colaboración con ambas entidades, Médicos del Mundo, Apdha e Ingeniería Sin Fronteras que presentaron hace unos meses.

Tensión y miedo

Jimmi resume con tres palabras su rutina diaria allí: “Comer, dormir, pensar”. “Eso es lo peor, le das vueltas a todo, no tienes contacto con tu gente. Es todo demasiado difícil”, afirma en un perfecto español. Comparte celda con otras seis personas inmigrantes. Y duerme aterrado de que durante la madrugada suene su nombre. “Si te llaman por la noche es para sacarte de aquí directamente a tu país”, afirma. En Senegal le esperaría su familia, pero él no quiere separarse de Nicole. “Eso significaría que se acaba todo. Y no quiero”, “subraya. En el CIE encuentra apoyo en algún compañero y, sobre todo, en la trabajadora social, que le da ánimos para seguir adelante “y no pensar en tonterías”.

Jimmi llegó a Canarias en un cayuco en 2006. De allí, le trajeron a la península en avión y pasó un tiempo en Granada. Poco después, se trasladó a Torre del Mar, donde había conocido a Nicole y a varios compatriotas en algún viaje ocasional. En 2008 surgió el amor. Y desde entonces la chilena y el senegalés han compartido piso con más gente; aunque desde el último año están solos los dos. En ese tiempo jugó, y mucho, al fútbol, su deporte favorito. Y se ganó la vida “en la obra, la venta ambulante, los mercadillos… Un poco de todo”, cuenta Nicole. También se formó. “Aquí participó en un curso de alfabetización digital, hicimos su curriculum, venía a clases de español…”, añade Patricia. Ambas avalan los esfuerzos de Jimmi para conseguir regularizar la situación, que parecía estar más cerca cuando obtuvo una oferta de trabajo que le permitiría tener sus documentos en regla, pero su petición se rechazó porque el empresario no estaba al corriente con la Seguridad Social.

Poco después, a Jimmi también le golpeó la suerte cuando menos se lo esperaba. En 2009, cuando fue a Madrid a recoger su pasaporte tras una larga espera entre trámites y documentos la Policía lo paró en la estación de autobuses: Pasó dos días en el calabozo y salió con una orden de expulsión bajo el brazo. La recurrió y el resultado fue desfavorable, pero apeló la sentencia y aún no hay nada firme. Algo que hace aún más paradójica su estancia en el CIE, porque si su orden se queda en una multa, habrá pasado un purgatorio para nada. “Yo espero que pronto salga de ahí”, dice Nicole, que está trabajando a la vez que estudia las pruebas de acceso al ciclo de grado superior que se realizarán en junio. Un mes perfecto para que Jimmi pueda seguir jugando al baloncesto y disfrutando de su sueño con la que es, ya, su familia en Torre del Mar.

http://www.canalsolidario.org/noticia/comer-dormir-pensar-15-dias-en-el-cie-de-malaga/28873

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