Del ‘corralito’ al trueque y la ‘ECO-nomía’ social

Publicado: noviembre 22, 2011 en GéNERO
26.04.2011 · Armando Camino · (Buenos Aires)

Mirta Meuli se lleva el bolso repleto de verduras de Fany López después de intercambiar con ella su bisutería artesanal. “Vivo de una pensión y el trueque me sirve para completar y zafar. Nunca me gustó la venta, pero empezó mi hija, vine para ayudar y ya no me fui nunca más”, explica Mirta, de 57 años, viuda con 4 hijos y 7 nietos. Mientras, Fany, de 59 años y a cargo de 5 nietos de un total de 12, acude “por necesidad” a canjear las hortalizas que cultiva o compra. “No laburo y el trueque me dio de comer desde 2001, mi nieto más chico creció gracias a esto. Me llevo azúcar, fideos, yerba, pero también ropa”, detalla, con coquetería, en el Nodo de trueque de la Asociación Mutual Sentimiento, con sede en el porteño barrio de Chacarita y fundada durante 1998 por una quincena de presos y exiliados políticos durante la última dictadura en Argentina (1976-83).

Una treintena de personas acude al Nodo de trueque dos veces por semana. (A.C.)

“Nuestra realización como seres humanos no necesita estar condicionada por el dinero”, comienza la Declaración de principios del Nodo de trueque, un centro de intercambio de bienes y servicios constituido en 1999. Bueno, tan sólo se necesitan tres pesos (menos de 1 euro), aunque la contribución no es obligatoria, para pagar la entrada y cubrir los gastos de mantenimiento. Alrededor de una treintena de personas se reúnen ahora dos días por semana en una planta del inmueble de oficinas cedido por el Gobierno argentino, pero diez años atrás la iniciativa llegó a contar con más de 5.000 miembros distribuidos por todos los pisos del antiguo edificio ferroviario. Por entonces, el proyecto se expandió a causa de las carencias del pueblo argentino tras el corralito financiero de diciembre de 2001, colofón de la recesión económica sufrida por Argentina desde finales de la década precedente como consecuencia del déficit fiscal y la deuda externa generados por la paridad con el dólar aplicada por el presidente Carlos Menem.

El intercambio cumple un papel de inclusión y de compañía. (A.C.)

Aunque “la política se metió por medio” para obstaculizar una iniciativa al margen del sistema monetario e introdujo falsificaciones entre los créditos ideados por la organización para canjear desde alimentos básicos por una obra de albañilerías hasta electrodomésticos y libros por una consulta médica o jurídica, el Nodo de trueque decayó, simplemente, por la posterior recuperación económica del país. Aparente fracaso, éxito evidente. “Fue positivo, porque la gente consiguió trabajo”, recuerda la coordinadora del espacio, Mercedes Gómez. Actualmente, “la mayoría es gente grande que viene porque encuentra un lugar de contención y compañía”. Así lo confirma Fany López: “Me hace mucha terapia, es un grupo bueno de amigas”. Y, de hecho, Mirta Meuli apunta que “la mayoría ya no lo necesita, sólo pasa hambre una sola persona que vive una villa miseria cercana”. Mientras alrededor se disipan dudas sobre unas gafas graduadas, las dos se muestran fotos de los nietos después de recoger sus puestos, pues en un rato toca sesión de bingo. “Nunca jugaba, tardé más de medio año en engancharme, pero ahora no falto nunca”, sonríe Mirta.

Farmacia de medicamentos genéricos. (A.C.)

Menguó el trueque, pero crecieron otras iniciativas en la Asociación Mutual Sentimiento. Pese a la precariedad de la sede, pues el contrato de cesión depende de una prórroga por parte de la Administración de Infraestructura Ferroviaria (ADIF) tras frenarse en 2009 una orden de desalojo gracias a una campaña de protesta con desnudos incluidos, las seis plantas del edificio cuentan con un centro de salud natural, farmacia de medicamentos genéricos, aulas de universidad popular, estudio de radio y múltiples actividades culturales. Una apuesta por la transformación de la realidad mediante acciones concretas con el respaldo de más de 5.000 asociados. “Fuera consignas si no podemos llevarlas a la práctica, porque la gente está podrida de ideologías”, subraya la presidenta de Mutual Sentimiento, Graciela Draguicevich.

“Incidir en la política al margen de los partidos”

Militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) durante la década de los 70, estructura armada del marxista Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) creada con el objetivo de imponer la revolución socialista en Argentina y extenderla al resto de América Latina, Draguicevich y otros compañeros guerrilleros en la clandestinidad fueron apresados meses antes del golpe militar que derrocó el gobierno presidido por María Estela Martínez, Isabelita Perón, en 1976 e instauró una brutal dictadura en el país hasta 1983. “Nos chuparon fuerzas paralegales, y estuvimos desaparecidos 20 días hasta que nos legalizaron ante un juez. Pero, aunque nos declaró en libertad, permanecimos en prisión a disposición del poder ejecutivo nacional seis años y medio, hasta 1981”.

Los productores de frutas y verduras orgánicas venden sin intermediarios. (A.C.)

Tenía entonces 21 años, un hijo de dos y estaba separada. “Él era empresario y yo guerrillera, así que aguantamos lo que pudimos. No pude tocar a mi hijo hasta los cinco años, sólo lo veía a través de un cristal en la cárcel. Éramos muy jóvenes, pero nos movíamos como un grupo muy fuerte y organizado que reemplazaba a la familia y nos permitía resistir. Nunca trabajé tanto como dentro de la cárcel. Además, los organismos de derechos humanos nos visitaban permanentemente con objetivo de mantenernos con vida a los 12.500 presos políticos”. Aún así “mataron a un compañero y sufrimos mucha represión física y psicológica, torturas, sin agua, con música fuerte días enteros…” Una vez liberada, Graciela Draguicevich, con pareja también militante y dos hijos más, colaboró con asociaciones humanitarias hasta, en primer lugar, lograr excarcelar a todos los compañeros y, posteriormente, impulsar la aprobación de leyes de reparación y memoria histórica a favor de los desaparecidos, presos, hijos y exiliados. “No nos interesaban los partidos políticos”. A raíz de la constitución de Solidarios ante la Opresión y por la Libertad (SOL) como consecuencia de una reunión de antiguos presos políticos, “nos dimos cuenta de que había voluntad para armar algo, una ONG para incidir en la política al margen de intereses partidarios”. Y así nació Mutual Sentimiento.

Mediante “los ahorros y el esfuerzo de muchas personas, sudor y sudor, porque no se sostendría sin militancia”, la asociación se consolidó y creció a partir de 2001 con la creación de una Mutual Sentimiento en Suiza, desde donde proviene parte de su financiación para sostener una estructura con medio centenar de empleos directos. Sin olvidar antiguos ideales, desde Mutual Sentimiento optan ahora por “una revolución ecológica, porque implica un cambio total en las ideologías y en el sistema económico basado en la explotación y producción”. Y la insurrección verde parte, justo al lado de la sede de la asociación, sobre una callejuela empedrada hacia una antigua nave ferroviaria.

Un viejo tinglado ferroviario alberga el Centro Comunal de Abastecimiento El Galpón. (A.C.)

“Un pedazo de campo en mitad de la locura de la ciudad”

“Bajo los adoquines está la playa” escribieron los estudiantes sobre los muros de París durante la revuelta de Mayo de 1968 como protesta por el sistema económico capitalista. Y quizá la utopía expresada en la pintada francesa sí se alcanzó, aunque no entonces ni allá. El pavés al costado de la estación Lacroze del Ferrocarril Mitre no oculta ninguna playa, pero entre rieles abandonados sí está el campo. Literalmente. Y no sólo por una pequeña huerta orgánica ahí cultivada, sino sobre todo por los múltiples frutos del campo expuestos por los propios productores dentro del recuperado tinglado ferroviario. Es el Centro Comunal de Abastecimiento El Galpón.

El mercado también cuenta con restaurante. (A.C.)

“Es un pedazo de campo en mitad de la locura de la ciudad, para escapar sin salirse de ella”, corrobora el coordinador del espacio, Federico Arce. Fundado a finales de 2005, El Galpón pretende “plantear una alternativa al neoliberalismo, defender la soberanía alimentaria y articular un espacio entre productores con conciencia y consumidores responsables, sin necesidad de intermediarios ni de agroquímicos”. Pura ‘ECO-nomía social’, un término exhibido en el recinto de chapa pintada de amarillo para unir al concepto clásico de la iniciativa solidaria la etiqueta ambiental. Y ahí acuden alrededor de 2.000 personas dos días por semana para comprar, excepto vacuno y pescado, casi de todo, pues aparte de alimentación también se venden complementos artesanales, cosmética natural o filtros de agua. Y, todo ello, con un precio asequible. “Es un poco más caro que en el supermercado, porque demanda una mayor mano de obra que la producción industrial”, argumenta Arce sobre el principal inconveniente del género ecológico, aunque también se vuelve una ventaja al crear más empleo. De hecho, detrás de los 22 puestos está el esfuerzo de más de 300 familias, en su mayoría productores agropecuarios de la provincia de Buenos Aires.

“Una feria normal antepone la cuestión individual, pero acá se trata de elevar la calidad de vida del productor, es un proyecto a largo plazo para primar el valor humano sobre el capital”, resume el coordinador de El Galpón, el campo entre rieles. “Arriesgamos la libertad y la vida, convencidos de que era la forma de llegar al poder, pero el poder no se toma, se construye y no sirve si no cambias la conciencia de la gente”, sentencia la presidenta de Mutual Sentimiento, una vía hacia la utopía.

Puesto de carnicería junto al expositor de conservas y helados. (A.C.)
 
Un espantapájaros adorna la huerta orgánica junto a El Galpón. (A.C.)

http://periodismohumano.com/economia/del-corralito-al-trueque-y-la-eco-nomia-social.html

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