Las consecuencias de la desigualdad

Publicado: noviembre 10, 2011 en CONSUMO, EXCLUSIÓN SOCIAL

Por: Gonzalo Fanjul

Uno de los momentos más desconcertantes del debate electoral del pasado lunes (y hubo unos cuantos) fue el ataque de Rajoy a Rubalcaba por el incremento de la desigualdad en España durante los últimos años. Lo paradójico es que la diferencia entre ricos y pobres se haya disparado durante un gobierno socialista y que además el que se lo reproche sea el partido que ha defendido modelos fiscales y sociales más regresivos. Pero no mentía nuestro futuro presidente: de acuerdo con los datos hechos públicos por Eurostat hace unos días, solo tres países europeos (Letonia, Rumanía y Lituania) superaban en 2009 la brecha que existe entre el 20% más rico y el 20% más pobre de los españoles.

Es difícil exagerar la importancia de este asunto, que está quedando enterrado por la envergadura de la crisis. Richard Wilkinson -un epidemiólogo británico que ha escrito junto con Kate Pickett un libro fascinante sobre este tema- advertía recientemente sobre las consecuencias de lo que denomina un fenómeno “socialmente corrosivo”. En una investigación que analiza primero un conjunto amplio de países desarrollados y después compara la situación de los 50 estados de los EEUU, Wilkinson llega a una conclusión fundamental: el bienestar medio de nuestras sociedades ya no depende del ingreso nacional o del crecimiento económico. Esas variables son todavía muy relevantes en los países pobres, pero en sociedades como la española pesan mucho más las diferencias que se establecen entre los ciudadanos y cómo se ve cada uno de ellos con respecto a los demás.

Sus argumentos martillean esta hipótesis en ámbitos diversos de las relaciones sociales y económicas: desde la violencia, las enfermedades mentales y el abandono escolar hasta la confianza de los individuos en sus propios colectivos sociales. De acuerdo con los datos de su estudio, en los países más desiguales (como el Reino Unido, EEUU o Portugal) el porcentaje de la población que declara confiar en sus vecinos se hunde hasta el 15%, mientras que en los más igualitarios (como los nórdicos o Japón), las cifras de confianza suben hasta el 60-65%. Las implicaciones de estos datos para la cohesión de las comunidades son considerables.

Y lo que es más importante: a medida que las sociedades se hacen más desiguales, las posibilidades de prosperar en el escalafón se reducen, como señala este gráfico que compara los niveles de desigualdad con un indicador de movilidad social. Esta idea enfría de alguna forma el discurso tan a la mode sobre los emprendedores y las posibilidades del esfuerzo individual: el entorno, las oportunidades educativas o las redes de protección juegan un papel crítico en la capacidad de los individuos para “dar el salto”. O, en palabras de Wilkinson, “si los americanos quieren vivir el sueño americano, más vale que se muden a Dinamarca”.

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El análisis serio de las consecuencias de la desigualdad nos ayudaría a sofisticar un poco el debate sobre el papel del Estado en el bienestar social o el concepto de ‘interés común’. Wilkinson insiste en que, a diferencia de lo que opinan muchos, la desigualdad conlleva en último término la necesidad de incrementar la presencia del Estado en forma de control, seguridad o atención de la pobreza extrema. No se trata entonces de más o menos Estado, sino de qué tipo de intervención pública. Del mismo modo, sus datos muestran que la reducción de las brechas sociales benefician particularmente a las clases menos favorecidas, pero también incrementan el bienestar relativo del 20% más rico, destruyendo el mito de los vasos comunicantes del bienestar.

Escribo esta entrada mientras veo el segundo debate electoral de estas Generales (infinitamente más interesante que el primero) y me desespera comprobar que tampoco en esta ocasión habrá espacio para debatir el reto de la pobreza y la desigualdad en los próximos años. Es importante recordar que no hay recetas neutras. No sirve la apelación general al ‘empleo’ cuando no sabemos qué ocurrirá con el entramado social en el que se desenvolverán esos empleados y sus familias. Existe un riesgo real de que esta brecha de desigualdad se consolide, estableciendo un cortafuegos entre los esfuerzos de crecimiento económico y la felicidad y seguridad diaria de las personas. 

El éxito del libro de Richard Wilkinson permitió poner en marcha la organización Equality Trust, que persigue impulsar un debate público sobre este asunto. En cierto modo, eso es lo que ha ocurrido en España con las movilizaciones del 15M, lo cuál es una muestra más de su importancia. Si quieren conocer algunos detalles más de la posición de este autor pueden ver esta conferencia reciente que ofreció en TED.com (desgraciadamente aún no están disponibles los subtítulos en español, pero confío en que lo estén pronto).

http://blogs.elpais.com/3500-millones/2011/11/el-problema-de-la-desigualdad.html

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