“México: Los inmigrantes son tratados como mercancías y no como personas”

Publicado: octubre 26, 2011 en SOÑADORES

ALEJANDRO SOLALINDE es un sacerdote mexicano que dedica su vida a la defensa de los derechos de las personas migrantes. Estuvo encarcelado por denunciar un secuestro de inmigrantes y ha sido objeto de constantes amenazas. Consultado por senadores y diputados para formular la nueva ley migratoria mexicana, considera que la base está en la educación. En diciembre de 2010 protagonizó una acción urgente de Amnistía Internacional y más de 17.000 personas hicieron campaña para exigir que cesarán las amenazas contra él.

 Cada año, miles de centroamericanos salen de su tierra en busca de una vida mejor en Estados Unidos. El camino que deben recorrer, mayoritariamente en tren, es de los más peligrosos del mundo. Se enfrentan a golpes, secuestros y torturas. En 2006, el padre
Solalinde recorrió personalmente ese camino. Un año más tarde decidió crear –junto con un grupo de voluntarios– el albergue “Hermanos en el Camino”, en el estado de Oaxaca, para ofrecerles un lugar de protección.

 ¿Qué le hizo tomar esa decisión?
Cuando en enero de 2007 secuestraron a un grupo de guatemaltecos, me vi en la necesidad de buscar un lugar donde pudieran estar protegidos. A partir de ahí, hemos tenido este espacio abierto para todos los hermanos inmigrantes que vienen del Sur.

¿Cómo es un día en el albergue?
Como está justo al lado de las vías del tren, yo salgo a recibirlos. Al entrar en el albergue les registran las mochilas para comprobar que no llevan armas ni drogas. Después pasan a la oficina, se registran con sus datos y fotografías para darles seguimiento y que no se pierdan en los lugares de más alto riego de secuestro. Después comen, se les da un kit de aseo personal, ropa y zapatos, en caso de que tengamos, y se van a descansar. Al día siguiente les orientamos, les decimos cuáles son sus derechos, los peligros que hay en la ruta que tienen por delante, les damos atención psicológica si lo requieren y atención espiritual. Después continúan su camino.

Además, recogen sus testimonios y denuncian las violaciones que sufren…
Sí. Les damos acompañamiento jurídico. Si alguno ha sido víctima de algún delito, les acompañamos a denunciar. Si no se atreven porque tienen miedo, intentamos que lo hagan
por su bien y por los que vienen detrás. El problema es que no se hace justicia. En cinco años que llevamos trabajando, no ha prosperado ni un solo caso de todos los que hemos denunciado.

Esta labor le ha costado estar en la cárcel y recibir intimidaciones. ¿De quién ha recibido amenazas?
Hemos recibido amenazas de la delincuencia organizada, de secuestradores, corporaciones policíacas, Maras, Zetas, sicarios y de algún funcionario público. En 2008 quisieron quemarme a mí y al albergue, y yo dije que por encima de mi cadáver. Estoy dispuesto a defender a los inmigrantes de quien sea.

¿A día de hoy continúan estas intimidaciones?
Las amenazas no van a parar mientras se mantenga el negocio con los inmigrantes. Les estorbamos. Quieren explotar a los inmigrantes y que no haya nadie que los defienda.

¿Estas amenazas le han hecho dudar?
Al contrario. Como todo ser humano he sentido el peligro y el miedo, pero me han retado y lucho con más ganas.

¿Qué violaciones de derechos humanos sufren los inmigrantes?
Habría que preguntarse qué derechos humanos no se violan, porque les hacen de todo. Hay tráfico de personas, explotación sexual, golpes, extorsiones, secuestros, entierros clandestinos, tráfico de órganos, les obligan a llevar droga, a meterse en grupos delictivos… Para la delincuencia organizada los inmigrantes no son personas, son mercancía y tratan de sacar dinero de cualquier forma.

¿Por qué los inmigrantes son foco de extorsión?
La delincuencia organizada descubrió que puede sacar más dinero con los inmigrantes pobres que con un magnate que secuestre, porque la persona rica supone el riesgo de que la localicen. De los inmigrantes nadie lleva registro, nadie va a saber quién lo ha matado o dónde está. Solamente su familia lo va a buscar y si no pueden pagar el rescate, los matan o son utilizados para el tráfico de órganos. Los llamados “carniceros” son los que se encargan de descuartizar a los inmigrantes y hacerlos desaparecer. México es un cementerio de inmigrantes.

En muchos casos las autoridades se quedan de brazos cruzados…
No sólo no hacen nada sino que en su mayoría están también implicadas en estas violaciones. En 2009, un miembro de los Zetas dijo que el anterior gobernador de Oaxaca, toda la policía –la municipal, federal y estatal–, el Instituto de Inmigración, los jueces y ministerios públicos estaban implicados en los secuestros. Se han dado casos de inmigrantes que han logrado escapar de un secuestro y cuando han denunciado en la policía de Vera Cruz, la misma policía los ha devuelto a los secuestradores.

En 15 países del mundo existen leyes discriminatorias hacia los inmigrantes. ¿Qué opinión le merecen normas como la Ley Arizona?
Son normas como la Ley General de Población, la primera que tuvo México respecto a los inmigrantes, que no tenía en cuenta los derechos humanos y criminalizaba la migración. El 24 de febrero el Senado mexicano aprobó una nueva ley migratoria, aunque debe pasar por la Cámara de los Diputados y por el Ejecutivo para que entre en vigor. Es una ley muy positiva porque da 180 días de permiso para permanecer en el territorio nacional, ya no se criminalizará la ayuda humanitaria, los inmigrantes tendrán los mismos derechos que cualquier mexicano y si Estados Unidos no los recibe, México se compromete a realizar un retorno asistido.

¿Ésta sería una solución a las violaciones que sufren?
Si se aprueba la ley, muchos ya no irán sólo en tren sino también en otros transportes. Es en el tren donde se dan los secuestros masivos y si se van por otro lado, la delincuencia organizada lo va a tener más difícil. Pero lo que lograría acabar con el problema sería educar a la gente, a las corporaciones policíacas, a los funcionarios… Es aquí donde entraría en acción la escuela y la Iglesia que deberían defender más los derechos humanos.

¿Qué ha cambiado en estos cuatro años?
La violación de los derechos de los inmigrantes era un problema que no se conocía y ya se ha visibilizado. Por otro lado, las víctimas están más dispuestas a denunciar y cada vez tenemos más apoyos.

17.000 miembros de Amnistía Internacional le escribieron cartas en defensa de su trabajo. ¿Fue un apoyo para usted?
Mi equipo se siente muy fortalecido desde que Amnistía Internacional nos apoya. La mayoría de las cartas procedían de España. En momentos difíciles las leía y me emocionaban. Amnistía Internacional nunca ha dejado de apoyarme y me he sentido muy acompañado.

fotografía 1: Padre Solalinde © AI/Foto: Ricardo Ramírez Arriola

fotografía 2: El Padre Solalinde fue objeto de la solidaridad de los miembros de Amnistía Internacional que le mandaron miles de carta de apoyo. © Private

AMNISTIA INTERNACIONAL

http://www.es.amnesty.org/noticias/entrevistas/entrevista/articulo/mexico-los-inmigrantes-son-tratados-como-mercancias-y-no-como-personas/

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