La línea roja entre viajero e invasor

Publicado: octubre 4, 2011 en REFLEXIONES
04.10.2011 · Miriam Márquez
Joven de la tribu de los bosquimanos recolectando hierbas terapéuticas. Foto: Petr Kosine

“Cómprenles azúcar. En grandes cantidades, porque les encanta. Nos les cobrarán por pasar la noche con ellos, pero esperan regalos. Y los dulces son lo mejor para abrir la puerta de una comunidad himba”. Nos lo dijo en un viaje a Namibia un guía que se encargaba de organizar excursiones previo pago generoso a poblados tradicionales de este pueblo, famoso por la bella planta de sus gentes y la arcilla roja que cubre el cuerpo de sus mujeres. Hoy, muchas de ellas abandonan sus casas para ir a ejercer la prostitución a la ciudad de Opuwo, lo que ha contribuido a la propagación del Sida, que se extiende a gran velocidad, ya que la poligamia es la norma entre ellos. Desde que descubrí en este viaje la delicada línea que separa el interés antropológico legítimo del viajero moderno del safari humano, siempre me ha angustiado saber cómo trazarla.

Coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Turismo, la organización Survival International, que lucha por defender la supervivencia y dignidad de los pueblos indígenas del mundo, ha denunciado abusos cometidos contra una mujer indígena en la isla Andamán de la India. Un archipiélago en el que hasta 1998, los pobladores autóctonos no habían tenido contacto alguno con el hombre blanco. Es la prueba más palpable de unas malas prácticas cada vez más extendidas. Ahora muchos touroperadores les tiran galletas desde los coches para llamar su atención, atraen a los niños como si fueran animales ofreciéndoles alimentos que rompen su dieta tradicional. Todo para que turistas occidentales puedan fotografiar una forma de vida distinta, pero de la que aprenden poco.

Es probable que tampoco sepan muchos sobre los bosquimanos y sus problemas, los turistas que se alojan en el Kalahari Plains Camp, en Bostsuana. No deben de estar enterados de que el hotel, con piscina y todo tipo de comodidades, se ha construido sobre una tierra de la que se ha despojado a sus pobladores ancestrales. Los bosquimanos no pueden ahora cazar en esta reserva, ni han sido consultados sobre la cesión de este terreno y, además, tuvieron que superar un largo proceso legal para poder utilizar el agua de un pozo local.

De Bostsuana a Papúa Nueva Guinea, el lema turístico “todo gracias a los indígenas, pero sin contar con los indígenas” florece. Una norma es básica para evitar el intrusismo, según coinciden Survival International y el Programa de Defensa de los Pueblos Indígenas, entre otras organizaciones y activistas. Si una excursión o expedición se publicita diciendo que descubrirá pueblos que no han sido contactados y es cierto, entonces, contratar este viaje resulta una temeridad. Deben ser los propios indígenas los que favorezcan, alienten y consientan este tipo de relación, para la que además deben estar preparados. Aunque parezca increíble al profano, hay multitud de comunidades en el mundo a las que, en pleno siglo XXI,  puede diezmar el entre nosotros inofensivo virus de la gripe.

No hay que desesperar, sin embargo, porque el turismo responsable y antropológico a la vez está cada vez más desarrollado. Un buen ejemplo son las excursiones para conocer el día a día de los hadzabe, unos cazadores-recolectores que viven en el Norte de Tanzania y que tienen también su futuro amenazado, pero a los que puedes ayudar con tu visita. Gracias a la iniciativa de Wayo África, se puede pasar un día acompañándoles en una jornada de caza o en la recolección de los tubérculos que componen su dieta. Los beneficios se reinvierten en la conservación de su modo de vida tan ancestral como frágil.

Gracias al proyecto “Picnic with the Penan” , en Malasia, se puede conocer también la forma de vida de estos indígenas, que son precisamente los que gestionan la iniciativa y sus beneficios. Uno de los aspectos más atrayentes es que, en su compañía, se puede recorrer la selva y sus secretos con la seguridad de no estar dañándola.

Lo mismo pasa con el Amazonas, tan sobreexplotado turísticamente en algunos puntos que hasta pensar en poner un pie en él da cargo de conciencia. El Lodge Ecológico Kawapi brinda la oportunidad de descubrir la cuenca amazónica occidental, en Ecuador, que sirve de hogar al pueblo indígena achuar. Las cabañas están pensadas para integrarse lo más sutilmente posible en el entorno y se encuentran en el corazón de un territorio en el que viven 64 comunidades indígenas celosas de su cultura.

Y para terminar, un lugar en el que la visita desborda ya los terrenos del turismo convencional para entrar en el puro compromiso solidario. Ubicado en el desierto del Kalahari, cerca del pueblo de D’Kar, en Bostsuana, está Dqae Qare, un terreno de más de siete mil hectáreas dedicado a la cría de animales salvajes. Es una rareza en este territorio porque pertenece a los propios bosquimanos, que usan los ingresos para luchar por unas tradiciones ya desaparecidas en muchas zonas de Bostsuana, Sudáfrica, Namibia o Angola. En un pueblo en el que la esclavitud, el alcoholismo, el desarraigo y hasta el hambre se han convertido en las grandes lacras, iniciativas como ésta permiten un cierto respiro.

 

http://consumeymuere.periodismohumano.com/2011/10/04/la-linea-roja-entre-viajero-e-invasor/

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