El gran negocio del cacao en la guerra civil en Costa de Marfil

Publicado: mayo 8, 2011 en Víctima

Andrés Pérez

Periodista (corresponsal de Público en París)

Sentados frente a la televisión, millones de europeos aplaudieron hace unos días la “buena noticia para la democracia” según el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé que fue el bombardeo del búnker de Laurent Gbagbo y el acceso al poder del presidente electo de Costa de Marfil, Alassane Ouattara. Sentados frente a sus ordenadores, un puñado de analistas del mercado internacional del cacao piensan que el ganador del conflicto marfileño es otro: se llama Anthony Ward, elegante donante del partido conservador británico y, desde hace poco, número uno mundial de la especulación con el cacao. Por cierto: este Ward también es yerno de Ouattara y en julio pasado anticipó en los mercados, con un golpe de mil millones de dólares contantes y sonantes, la victoria de su suegro gracias a la “comunidad internacional”.

 Los recientes combates de Abiyán, un episodio más del conflicto civil abierto hace una década, han sido la punta visible de un iceberg hecho de montañas y montañas de cacao. Las habas con las que se hace ese polvo marrón llamado chocolate, clave en los desayunos y en las tabletas afrodisiacas del primer mundo, son desde principios del siglo XX el motor de las economías de varios países africanos por obra y gracia del colonizador blanco, que desarrolló esa industria para su beneficio.

En el caso de Costa de Marfil, el control del sector del cacao es clave no sólo para la toma del poder real en el país. Como se trata de entre el 35% y el 40% de la producción mundial, también es clave para la existencia misma de un mercado mundial especulativo que, desde la Bolsa de Londres y de Nueva York, garantiza la fortuna de un puñado de bolsillos. Tras el azúcar y el café, el cacao es la más rentable de las materias primas agrícolas, el nuevo pastel preferido de las bolsas mundiales.

Y ahí es donde Gbagbo perdió la guerra: al intentar descubrir, desde 2000, a quienes controlaban la exportación del cacao de su país, al intentar meter en la cárcel en 2007 a varios empresarios, y al intentar nacionalizar la producción y el comercio a partir de 2009, Gbagbo firmó su propia sentencia de muerte. El resto de crímenes la comunidad internacional se los habría perdonado, como ya está perdonando a Ouattara la matanza de unos 800 civiles en Duekoué (oeste). Pero ese otro crimen, el de intentar apropiarse del cacao marfileño, Gbagbo lo pagará caro.

 

El 14 de julio de 2010, mientras varias personalidades marfileñas aprovechaban las fiestas de la toma de la Bastilla en París, el yerno de Ouattara, a la cabeza de la firma Armajaro, casa de negocio de cacao y fondo especulativo, se quedaba en Londres. Para dictar una orden. Con un clic de ordenador, compró un título sintético, como una subprime del cacao, por valor de 240.000 toneladas de la preciada semilla traída por Hernán Cortés de las Américas.

 Las apuestas del señor Ward
 Anthony Ward y la firma Armajaro se hicieron así con poco más del 8% de la producción mundial que estaba por recoger y del 15% de los stocks existentes, invirtiendo en ello unos mil millones de dólares. Su grupo, que entonces no formaba parte de los líderes mundiales del sector (Cargill, Olam, Touton, ADM, Continaf y Noble), fue visto como un loco intentando un farol de póker, tanto más cuanto que, entonces, se preveía una fuerte cosecha marfileña debida al buen tiempo, con los consiguientes excesos de producción.
 Sólo unos meses después se ha visto la jugada: Ala-ssane Ouattara, el suegro de Ward, considerado victorioso por la comunidad internacional en las elecciones de noviembre de 2010, decretó una prohibición de exportaciones de cacao marfileño.
 La Unión Europea se apresuró a considerar que debía ser garante de la aplicación de la medida decretada e impuso un embargo a los grandes puertos marfileños, especialmente el gigantesco y cacaotero de San Pedro, el mismo por el que circularon con total libertad, desde los años noventa, diamantes y armas para los conflictos liberiano, sierraleonés y el propio marfileño. De inmediato, unas 400.000 toneladas de cacao marfileño recolectado o por recolectar empezaron a amenazar con pudrirse en arbustos, hangares y puertos, víctima del embargo.
 Todos los corredores de Bolsa y prácticamente todas las compañías de producción y transformación. respetaron ese embargo, con la excepción del Grupo Noble
 La tonelada de cacao subió a 3.669 dólares en marzo pasado en las bolsas de Estados Unidos, un máximo histórico de los últimos 32 años. Con ello, se duplicó en valor la inversión efectuada por el yerno del elegido por la “comunidad internacional”. Esos títulos sintéticos, derivados del cacao, han empezado a bajar de nuevo esta semana en los mercados mundiales.
Según el boletín confidencial Africa Intelligence, desde primeros de abril, varias firmas de seguridad industrial investigan, sin duda por cuenta de los amenazados competidores de Armajaro, para intentar determinar si pueden reunir elementos para probar una manipulación de cotizaciones o un delito de iniciados.
 Y no parece que se vaya a producir un gran estallido de la Justicia a la luz pública: según fuentes del sector, en caso de reunir esas pruebas, las firmas lo utilizarían para presionar y recuperar posiciones frente al nuevo poder de Abiyán y Yamasukro.
 En el momento álgido del combate, entre enero y finales de marzo, Gbagbo llegó a amenazar con incautar y nacionalizar los stocks de unas 400.000 toneladas de cacao marfileño que los negociantes internacionales se negaban a exportar por temor a las represalias de la UE. También dijo que, dada la situación, estaba dispuesto a acelerar la creación, prevista desde 2009, de un ente público del cacao, con la potestad de convertirse en el único exportador autorizado, cosa que equivaldría a una nacionalización.
 Gbagbo se acordaba así, tardíamente, de que la prosperidad de Costa de Marfil se debió, en las décadas de 1960, 1970 y 1980, a la existencia de una caja de compensación pública que garantizaba precios estables a los pequeños y medianos productores, ejerciendo de amortiguador entre ellos y los precios internacionales.
Altos cargos en la cárcel
 Gbagbo ya había intentado una primera reforma del sector, que había sido liberalizado en 1989. Tras una investigación judicial iniciada en 2007, varios responsables de las administraciones y las bolsas locales de cacao y de café se encontraban en prisión preventiva, y el plan inicial del presidente caído era abrir este año un espectacular juicio que sirviera como ejemplo, y como base para un nuevo proyecto de estatalización.
 La reorganización del sector, que Gbagbo nunca fue capaz de llevar a cabo de forma correcta, es una aspiración generalizada entre la sociedad civil marfileña. Especialmente desde que se airearon los fenómenos de contrabando generalizado, uno de ellos hacia Burkina Faso, relacionado con la guerra civil desde 2002, y otro hacia Ghana, un país que sí cuenta con su oficina central estatal que es el único exportador autorizado.
 El periodista franco-canadiense Guy André Kieffer, miembro del Sindicato Nacional de Periodistas francés (SNJ-CGT), desapareció el 16 de abril de 2004, en Costa de Marfil, cuando investigaba sobre la corrupción y las estafas en el sector del cacao. Sus investigaciones, inicialmente encargadas por el propio Gbagbo, acabaron molestando tanto a su propio clan como a su rival Alassane Ouattara. Ninguna investigación judicial seria sobre su desaparición ha sido posible y su cuerpo sigue sin ser hallado a causa de la falta de cooperación de los marfileños.
El SNJ-CGT afirmó el pasado martes que “cuando se es capaz de intervenir como lo han hecho los militares franceses para echar a Gbagbo e instalar a Ouattara, resultaría incomprensible que las autoridades judiciales marfileñas pudieran seguir negándose a cooperar con la Justicia francesa” para aclarar el crimen.
Alassane Ouattara, ese mismo día, anunció que las exportaciones de cacao se reanudan “inmediatamente”, pero no habló de investigaciones.


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